Last Night
f 14, 09 por Yuki Kuroi
Dentro de la categoría Yu-Gi-Oh fics
La noche parecía tranquila. El barco, que había zarpado en la tarde, se deslizaba sin ningún problema por ese amplio camino acuoso. Dentro de este, casi tan apacible como el barco, Yugi.
Se encontraba mirando sus cartas, una por una, para mejorar su mazo y prepararse para el gran duelo que tendría al día siguiente. Un duelo que él había aceptado con todo el dolor de su alma, y que del cual no podía huir. Un duelo que había atravesado su mente en varias ocasiones, pero que jamás lo dio por hecho hasta ese momento. Un duelo que mediría toda su capacidad y experiencia que poseía, además de definir su futuro, no como duelista, sino como persona.
Un duelo… … … … … contra el Faraón.
En su mente no existía otra cosa más que el enfrentamiento decisivo que vendría, más no perdía la concentración en lo que estaba haciendo. ¿Cuánto tiempo ya, desde que su abuelo le regalase el puzzle del milenio? ¿Siete…Ocho?… Sí, ocho años que él había estado intentando armarlo. Recordaba perfectamente cuando colocó la última pieza, y el espíritu del Faraón surgió de adentro, con su mirada penetrante y su aire seguro, orgulloso. Desde ese día, habían estado juntos, compartiendo cuerpo y alma.
Y gracias a él, Yugi fue capaz de adquirir esa confianza en sí mismo que tanto le hacía falta, pues tenía toda la fuerza que el muchacho no poseía… o que tenía y este la creía inexistente.
Por eso, Yugi no podía negarse a ese enfrentamiento. El Faraón se lo había pedido y el había aceptado. Así, por el bien del Faraón debía dar lo mejor de sí.
Sin embargo, la pena lo acongojaba. Isis (Ishizu) lo dijo: “es el enfrentamiento final de ambos. Es el destino de todo lo que está en juego. Es la sagrada batalla Ceremonial. Quien gane o pierda, decidirá el futuro del otro. Hay que mantener el equilibrio. No pueden dos almas vivir en un mismo cuerpo, ni en la misma época…”
“… el futuro del otro…”
¿Qué podía hacer en contra de eso? Nada… salvo esperar que el momento llegara.
Trató en no pensar más en ello; trató en continuar en lo que estaba, pero no pudo. El sólo hecho de pensar que mañana era el día en que se separaría definitivamente del faraón le atormentaba.
Una lágrima cayó sobre la pequeña carta que mantenía sobre sus manos.
– Mañana… mañana es el día final… – musitó.
Al instante, se llevó la manga hacia los ojos para secarse las lágrimas y continuó en lo que estaba. No podía dejar que esto le afectara de esa manera. Se apresuró en guardar las cartas, que ya estaban listas, en la caja dorada en la que estuvo guardado el puzzle en su tiempo. Suspiró.
– No puedo dejar que mi otro yo me vea así… – miró hacía la caja y sonrió – Fue más difícil de lo que pensé.
Se acomodó en la silla, para relajarse y olvidarse un rato de la situación. Necesitaba despejarse un poco. Necesitaba que las ganas de llorar se esfumaran.
“¿Está bien con eso?”, se oyó a sus espaldas, “¿Has elegido bien las cartas?”
Yugi volteó casi de golpe. Al verlo, sólo atinó a sonreírle.
– Sí… mi mazo está completo. – se levanta y lo mira – ¿Por esa razón no te había oído en estas horas?
“Sí”, respondió Yami, con su típico tono profundo y amigable que sólo utiliza con Yugi, “Viajé a un rincón distante de tu mente para darte privacidad”.
– Ya veo. Gracias.
“No, gracias a ti, por aceptar este desafío”.
– Daré lo mejor de mí. – le dijo.
Yami le sonrió. Sabía que no le iba a defraudar. Yugi, en tanto, desvió la mirada, un poco tímido, un poco triste; luego dijo:
– Conozco tus estrategias muy bien… Además… Cuando uno comparte la mente con alguien por tanto tiempo, se aprenden una o dos cosas de cómo el otro las piensa.
“Sí.”respondió Yami, con una triste sonrisa.
Se miraron por unos breves segundos, corriendo la mirada casi de inmediato, por temor a que uno descubriera la inquietud del otro. Fue Yugi, quien rompió el silencio que se estaba formando:
– Bueno… es tiempo de que tú también revises tus cartas. Te prometo que no espiaré.
Y en un abrir y cerrar de ojos –literalmente- Yami se encontraba en el cuerpo de su amigo.
– Gracias… compañero…
Yugi se encontraba en alguna parte de su mente, solo.
“Yo… no quiero pelear este duelo. Pero si mi otro yo no es derrotado, él no podrá ser removido de mi alma”, pensaba.
Cerró los ojos y tomó aire. La angustia volvía.
“Este es el duelo más difícil de mi vida. Pero derrotar al Faraón es mi misión… y queda tan poco tiempo…”
> “Me gustaría hablarle a mi otro yo, pero ya tomé mi decisión y no puedo echarme atrás ahora”.
> “Ya he dependido demasiado de él…”
> “Ahora… Yo… preferiría que esto no fuera cierto. Si mañana gano…”
——– YAMI ———————— - -
El faraón se encontraba sentado frente a la mesa, revisando sus cartas, ajeno a lo que estaba sintiendo su amigo en esos momentos. Cruzado de brazos, analizaba cada carta, para luego separarla y colocarla en una pequeña pila de estas, que sería su mazo definitivo. En su mente recordaba todos aquellos duelistas a los que se había enfrentado en este tiempo, y ninguno se compararía con el enfrentamiento del día siguiente.
“La batalla Ceremonial…”; las palabras de Isis aún repercutían claras en su memoria, y no había pasaje de retorno. Él había aceptado su destino, así como su amigo el desafío.
Miró el cofre en donde Yugi guardó sus cartas, y pensó:
“Allí dentro está el mazo de Yugi, elegido desde la colección que hemos creado juntos. Pero ahora, todo eso sólo le pertenece a él….”
“Debo terminar de crear mi mazo.”
Continuó en su tarea hasta que tuvo en sus manos la carta Dark Magician. La miró por unos largos segundos, antes de barajarla con las demás cartas. Luego, cuando todo estuvo listo, se acomodó en el asiento, agachando la cabeza, pensativo.
“Si gano, tu alma jamás estará libre. Si pierdo…”
Sonrió; sonrió con tristeza, pero sonrió. No había nada más que hacer, pensar o decir. Estaba todo decidido. Esta sería su despedida.
———— COMPAÑERO….———————–
Ya había pasado varios minutos, cuando Yami escucho la suave voz de Yugi preguntando si ya estaba listo. Al ver que ya había terminado, le halagó la rapidez, a lo que Yami respondió con una sonrisa. No le había parecido ser tan rápido.
Se levantó de la mesa y quedó mirando a su amigo, que se encontraba en forma de espíritu. Sonrió.
– Ahora estamos listos – dijo Yami – Sólo falta que llegue el momento.
– Sí… – respondió Yugi, cabizbajo.
– No será tan fácil derrotarme.
– Lo sé – sonrió – Pero yo tampoco me dejaré vencer.
– No me esperaba menos de ti – y le devuelve la sonrisa, cálidamente.
Se miraron por breves segundos, para luego desviar la mirada nerviosos. No querían mirarse a los ojos.
– Bueno… es mejor que vuelvas a tu cuerpo – dijo Yami de pronto – Debes estar cansado y necesitas estar bien para mañana.
Yugi sólo asintió, cabizbajo. La palabra mañana lo aturdía.
Al instante, el puzzle del milenio comenzó a brillar para dar paso al intercambio espiritual; sin embargo, ambos quedaron quietos en el limbo, mirando en direcciones opuestas, de espaldas uno del otro.
– ¿Qué sucede? – preguntó Yami, sin mirarlo.
A Yugi le incomodó la manera en que Yami le había hablado, tan fría, casi indiferente y apretando el puzzle que traía en sus manos, respondió:
– Estás distante.
Yami no respondió, solamente apretó los labios un poco y agachó la cabeza.
– Bueno… – prosiguió Yugi, al sentir que no tendría respuesta – Me imagino que debes estar cansado también…
–… Compañero… Yo… – musitaba el faraón, mientras apretaba los puños.
Yugi agachó la mirada y sonrió. Era mejor así, sin decir nada más. Sin insinuar nada que podría abrir la herida que ya se estaba formando.
– Es mejor así… – y se alejó.
De inmediato, Yami dio media vuelta para sujetarlo del brazo y lograr detenerlo. Sus dedos se aferraron sobre la tela de la manga.
– Espera – le dijo – No te vayas así… – y le soltó el brazo.
Yugi se quedó ahí, sin decir nada y sin darle la cara.
– Dime qué pasa… – continuó el faraón – ¿Es por lo de mañana?
–… Sí. – respondió, mirándolo – No quería decirte nada para no preocuparte, pero…
– Entonces estamos iguales – le interrumpió, corriendo la mirada – Tampoco quería tocar el tema para no preocuparte… para no hacer más difícil todo esto
– ¿Por eso estabas siendo tan distante?
–… … Sí.
–… Pero… eso…
– Lo sé… – proseguía Yami, sin mirar a su amigo – A mi tampoco me gusta esta distancia. Me duele mucho todo esto.
– ¿Y tú crees que a mi no? – respondió Yugi, más que molesto, dolido – He tratado de evitar el tema actuando como si no me importara… ¡Pero es algo que no se puede evitar!
Yami no quería darle la cara. Se encontraba demasiado triste con el asunto.
– ¿Pretendías seguir así? ¡¿Ignorándome?!
El faraón volteó hacia Yugi, quien se encontraba con el rostro triste, aguantando toda la pena que quería salir de su ser. Sin dudarlo, se le acercó y le acarició el rostro.
– ¡No! – exclamó suavemente – ¡No te he ignorado! Sólo quiero que esto sea lo menos doloroso para los dos… para ti…
– Lo sé – respondió Yugi, tomando la mano que cubría su mejilla, apretándola contra esta. La sintió algo helada, pero suave y eso le provocó otra angustia que había mantenido oculta hasta ese momento. Cerrando los ojos, prosiguió: – Te siento tan real que a veces me olvido que eres un espíritu.
Yami le miró sorprendido, pues no se esperaba esa observación de su compañero.
– Cómo desearía que por tan sólo una vez pudiera sentirte así en el mundo real – continuaba el joven, apretando cada vez más esa confortable mano – Que pudieras estar ahí, frente a mis ojos, como una persona y no como espíritu.
El faraón se desconcertó. Jamás había pensado en materializarse y mucho menos que Yugi se lo insinuara, pero entendía su angustia. Se puso algo nervioso y su amigo lo notó, soltándole la mano de un golpe.
– Olvídalo – dijo con voz apenada – No debí decir eso.
– Pero, Yugi…
– Sé que no puedes hacerlo – contestó con una dulce sonrisa – Es algo que se escapó de mi boca. – y dando media vuelta, prosiguió: – Es mejor que me vaya a descansar. Hasta mañana.
– ¡Espera!
Yugi volteó y se besó los dedos para luego depositarlos sobre los labios del faraón. Sonrió.
– Buenas noches.
Y antes de que Yami pudiera decir o hacer algo, el joven ya había atravesado la puerta que lo sacaría de ese lugar. Al cerrarse, Yami se encontró dentro del puzzle del milenio.
En cuanto a Yugi, él ya se había sacado el puzzle del cuello, dejándolo sobre la mesa, con mucho cuidado.
– Es mejor así…
Y cerró los ojos tristemente, mientras dentro del puzzle, Yami apretaba los puños con mucha pena.
“Si tan sólo pudiera…” pensaba, “Si mi poder como faraón resultara…”
Miró hacia la puerta. En su frente, el símbolo sagrado resplandecía con fuerza. Lentamente, se acercó a esta.
“Aunque sea por esta vez, le ruego al poder oculto de este puzzle que me de una oportunidad”
Se detuvo al frente de la puerta y cerró los ojos.
“Por ser…”, abrió la puerta, “… la última noche”
El puzzle comenzó a brillar a espaldas de Yugi y éste se quedó quieto. No era normal que aquel objeto milenario brillara de esa forma, y aunque no giró para comprobarlo, notó el reflejo de la luz en las paredes. Su corazón le advertía algo.
Fue entonces cuando sintió que algo le rodeó los hombros y lo tiraba hacia atrás.
– Compañero… – sintió susurrar cerca de su oído.
–… ¿Mi otro yo?
Yami le abrazó con mucha fuerza, mientras un suspiro se le escapaba cerca de la nuca.
Temblorosamente, Yugi alzó sus manos hacia aquellos brazos que lo rodeaban por los hombros y la cintura, y los apretó con fuerza. Pensó que moriría allí mismo.
– ¿No estoy soñando? – murmuró.
– No – la voz de Yami parecía más fuerte y clara.
Yugi cerró los ojos, apoyando su cabeza hacia atrás. Suspiró, débilmente. La respiración de Yami le embargaba la espalda.
– ¿Cómo lo hiciste? – preguntó al fin.
– Realmente no lo sé… – respondió con sinceridad – Sólo lo deseé con todas mis fuerzas.
Yugi volteó entre aquellos brazos para mirarlo. Allí estaba, más real de lo que él hubiese soñado o imaginado. Sin pensarlo dos veces, sus manos le tocaron el rostro, examinándolo lentamente, pasando los dedos por el cabello, las mejillas, los labios… mientras la emoción le rasgaba el pecho y le nublaba la vista.
Al final, se aferró en ese pecho reconfortable y familiar, que le había hecho sentir seguro tantas veces, y rompió en llanto.
– ¡No quiero! – exclamó – ¡Tengo miedo!
Sintió que le abrazaba y que apoyaba su cabeza sobre la de él. Este gesto le hizo aferrarse con más fuerza.
– No temas… – le oyó decir – Yo tampoco quiero hacerlo, pero estoy interfiriendo en tu vida.
– ¡No me interesa mientras sigas a mi lado! – respondió sin pensar – Te puede sonar egoísta, pero es así… ¡Puede que para ti no sea tan difícil como para mi! ¡No quiero perderte!
– ¿Y tú crees que para mí es fácil, Yugi? – le respondió con pena, mientras lo abrazaba con más fuerza – Tampoco quiero dejar de verte… De estar a tu lado… ¡Quiero seguir contigo!
Yugi se estremeció. Su voz sonaba tan triste…
– Pero si sigo ocupando tu alma para seguir existiendo, – prosiguió el faraón – lo más probable es que te haga daño a futuro… y lo menos que quiero es eso.
– ¡Déjame correr el riesgo! – exclamó Yugi, alzando la cabeza, mientras se separaba un poco de él.
– ¡¡NO!!
La voz tan potente y decidida de Yami le hizo retroceder, separándose completamente de él.
– Perdóname. – le dijo suavemente – Sé que no puedes… Sé que debes volver y mantener el equilibrio… Pero…
Yami notó que Yugi estaba llorando en silencio, con la cabeza gacha y las manos cruzadas sobre el pecho. Sospechaba que ni él mismo podría mantener más esta situación. Ambos estaban dolidos, aguantándose la angustia; pero ya no había marcha atrás.
– Debo volver – continuó el faraón, con voz fría y decidida – Es inevitable. Pero no te dejes vencer mañana… te lo ruego. – y le cogió el mentón.
– No lo haré… no podría. – respondió el joven, mirándolo a los ojos – Y tú tampoco me dejes ganar.
– No… por supuesto que no.
Se miraron por cortos segundos, mientras se acariciaban el rostro. Yami apoyó su cabeza sobre la frente de su compañero y lentamente comenzó a limpiarle las lágrimas con el pulgar. Entonces, dijo:
– Créeme que también tengo miedo. No sabes cómo desearía que nuestra situación fuera distinta, pero el destino lo quiso así. Sabíamos, desde el momento que decidimos estar juntos, que esto iba a suceder tarde o temprano.
– Lo sé. – tomó la mano que le acariciaba y se la besó, manteniéndola contra sus labios – Esta es nuestra despedida, ¿no es así?
Yami agachó la cabeza, resignado. Temía que Yugi hiciese esa pregunta.
– Me temo que sí. – y cerró los ojos, para evitar que la pena se le escapara por allí.
Al instante, Yugi enlazó sus brazos alrededor del cuello del faraón y lo abrazó con fuerza.
– Faraón… – musitaba entre sollozos – mi faraón.
– Yugi… mi amado y pequeño Yugi.
Se besaron con fuerza, como jamás lo habían hecho antes, abrazándose de una manera casi desesperada a causa de la tristeza que ambos sentían. No necesitaban palabras; no había nada más que decir. Sólo les quedaba la entrega de sus sentimientos y olvidarse, por un momento, de que esa era su última vez juntos.
Querían despejar su mente. Querían ser uno sólo como tantas veces ya en el pasado, cuando el faraón le visitaba por sueños y le declaraba su amor, con suaves y tiernas caricias, aderezados de dulces y apasionados besos.
Ahora, sin embargo, la entrega sería distinta, más triste. ¿Cuántas veces Yugi le había anhelado así, materializado, para sentirse completamente suyo? ¿Cuántas veces deseó encontrarlo al otro día acostado en su cama para comprobar que lo que había sentido en la noche fue realidad y no un sueño? Y ahora que lo tenía ahí, al frente de sus ojos, reposando sobre su cuerpo encima de la cama, era la última noche. ¡Qué ironía! Haber esperado tanto… para separarse de él.
Pero eso no lo apenaba. Le apenaba la despedida, no el hecho de tenerlo allí, tan vivo, tan cálido. Agradecía que aquello fuera así y no un frío adiós dicho al puzzle milenario. Eso le hacía sentir reconfortado y sabía que Yami también lo percibía así.
– Te amo… te amo… – le oyó susurrar cerca del oído, mientras le besaba el cuello.
Yugi se estremeció. Estaban demasiado apretados.
– Yo también…– le respondió con voz débil – No sabes cuánto te amo…
– Ni tu tampoco.
Se miraron a los ojos, sonriendo, mientras se acariciaban. Estaban con la ropa desordenada, casi desnudos sobre las sábanas, uno al lado del otro. Sabían lo que iba a ocurrir, no necesitaban decirlo. Aún así, Yugi se desconcertó un poco al notar que la puerta no tenía el seguro puesto.
– ¿Cuál es el problema?
– Que puede aparecer alguien… como Jounnoichi (Joey), que siempre entra sin llamar.
– ¿Quieres que la cierre?
– Por favor…
De inmediato, Yami miró hacia el seguro y este se cerró de un golpe. Yugi sonrió.
– Debí imaginar que harías eso. – le dijo, con una sonrisa.
– Por supuesto… Lo menos que quiero ahora es separarme de ti.
Se volvieron a besar, con más ternura, y lentamente la ropa fue dejada a un lado para enlazarse de nuevo y sentir el calor mutuo. Se estaban complementando sin restricciones.
Y Yugi deseaba que esa noche no acabara, que fuera un sueño del cual no pudiera despertar más, aunque las caricias de Yami y sus besos le dijeran que era realidad.
“No es un sueño…”, pensaba mientras tocaba ese rostro que le miraba por encima, “es tan real como yo mismo”.
– Ámame… – le susurró Yugi con tristeza – Haz que esta noche me sea eterna.
Yami apoyó todo su peso sobre el suave cuerpo de Yugi, besándole la frente.
– No quiero que amanezca… – le dijo – Sólo puedo estar así en esta noche.
– Entiendo. – y lo abrazó, acercándolo a él.
– No estés triste… por favor… – murmuró en su oído – Convirtamos esta noche en un hermoso recuerdo.
Yugi sonrió y se aferró a ese cuerpo con más fuerza, dejando que las caricias volvieran a surgir, que los cuerpos se empezaran a desear, olvidando lo que vendría mañana.
“Soy tuyo… siempre seré tuyo… Aunque el tiempo nos separe… siempre seré tuyo”.
Se aferró a su cabello cuando le sintió cerca del vientre. Lentamente, los labios de Yami fueron descendiendo hasta que Yugi exhaló un suave quejido. Era lógico que Yami conocía sus puntos débiles, aunque ahora le explorara como si fuese la vez primera debido a que, en cierta manera, así lo era.
Porque era la primera vez que se amaban de esa forma tan real.
“Por favor… Que el tiempo se detenga… sólo por esta noche”.
Yugi se aferró a esa cálida espalda, mientras Yami lo hacía suyo. Entre sábanas desordenadas se rindieron mutuamente, en esa fría habitación, mientras el barco seguía su curso y todos aquellos que lo abordaban eran ajenos a lo que ocurría en ese solitario cuarto.
Prosiguieron con las caricias y los besos tiernos, amándose hasta el cansancio, con el cuerpo tibio y húmedo; rozándose y sintiéndose entre aquellas enredosas telas, hasta que ambos cuerpos se estremecieron y sucumbieron, el uno al otro, con las manos enlazadas y apretadas sobre la almohada.
¿Cuánto tiempo pasó después de ese momento? No lo sabían, pues no les interesaba. Para ellos la eterna noche era su único deseo…
… Y el saber que aún podían estar juntos antes del amanecer.
– Atem… – musitó Yugi, apoyado en su pecho – Mi otro yo Atem…
– Dime – le susurró apoyando la cabeza sobre su cabello.
– Abrázame más fuerte…
Así lo hizo, mientras unas lágrimas empezaron a fluir poco a poco. Yugi, entonces, también lloró en silencio.
– Te amo tanto que duele – le dijo Yami, aferrándose a ese delgado cuerpo.
– A mi también me duele – respondió Yugi, rindiéndose al fuerte abrazo – Pero estar así contigo, me reconforta un poco el alma.
– Sí, es cierto – le levantó el rostro suavemente por el mentón, con una triste sonrisa – Tú ser siempre me ha reconfortado… No llores – y le besó la frente.
Entonces, Yugi se reincorporó y le besó las lágrimas.
– Tú tampoco… – y sonrió.
Yami arropó un poco más a Yugi y éste se lo agradeció. Mientras avanzaba la madrugada, el frío aumentaba.
– No quiero dormirme – dijo de pronto Yugi.
– Debes hacerlo, o si no mañana no estarás bien.
– Pero… si me duermo, al despertar mañana no estarás.
Silencio. Yami quería olvidarse de eso de momento. Volteó un poco para quedar sobre Yugi y mirarlo a los ojos. Sonrió:
– Olvida eso… por favor…
Y Yugi entendió lo que esos penetrantes y profundos ojos le querían decir.
“Hemos estado tanto tiempo juntos, que el sólo hecho de pensar que esta es nuestra última noche me lastima”.
“No quiero que te transformes tan sólo en un recuerdo”.
– ¿Crees en el destino, cierto? – le preguntó de pronto Yami.
Yugi lo miró extrañado.
– ¿En el destino?… S-sí… ¿Por qué?
– Porque si mañana vences, no pienses que será nuestra despedida.
– ¿Qué quieres decir? – su voz sonaba confusa y angustiada.
– Tómalo como un “hasta pronto”. Tal vez, quien sabe, podamos reencontrarnos en otro lugar, en otras circunstancias… y entonces… – lo miró – no nos volveremos a separar.
– Insinúas que… ¿podré reencarnarme y encontrarte en otra época?
– Es posible… Hay que mantener la esperanza en alto.
Yugi sonrió cálidamente, mientras se acurrucaba en su pecho. Esa idea se le antojaba ideal y quiso creer en ella para darse un leve consuelo. De todas formas, el destino da varias vueltas, y aquello podría ser cierto.
– Ahora me siento un poco mejor… – le susurró – Pero… el dolor sigue. Igual es nuestra última noche.
Yami sonrió, tristemente.
– Lo sé…
Y se acurrucaron entre esas cálidas sábanas, deseando que el amanecer no llegara aún.
“Si no podemos estar juntos en esta era…
… lo estaremos en otra.”
“Déjame creer en eso, y así mañana…
…no será tan difícil decirte adiós, compañero”.
Yami esperó a que Yugi se durmiera primero. Había notado que estaba empezando a desaparecer y no quería preocuparlo. Se levantó con cautela, para acercarse al puzzle y rogarle un poco más de tiempo. No quería volver todavía; necesitaba esperar hasta el amanecer.
“Es difícil”, le decía al puzzle, “No puedo estar sin él. Me he mantenido fuerte para qué… ¿Para rogarte un poco más de tiempo y alargar esta agonía? Tener un poco más de tiempo no detendrá el desenlace de mañana, pero, por lo menos, estaré un poco más con él”.
“No quiero regresar todavía… no…”
Y cayó de rodillas, sobre la mesa, desahogando todo esa pena y rabia que venía aguantándose todas estas horas. Había soportado mucho, había sido fuerte, pero ni siquiera un faraón, o un rey, podría aguantar tanta angustia.
Yugi se despertó y le vio de pie junto al puzzle, secándose el rostro. No quiso molestarlo, no podía. Luego, a los pocos minutos, sintió que se recostaba a su lado y que lo abrazaba por la espalda.
¿Cuántas veces despertaron en mitad de la noche, buscándose entre esas desordenadas sábanas, hasta encontrarse con un dulce abrazo?
Para ambos, había sido su mejor noche.
Al amanecer, Yugi le vio a su lado, sonriendo. Le dedicó un último beso, antes de arroparlo y alejarse, dejando un leve adiós, te amo, en el aire.
Al despertar unas horas más tarde, sólo el puzzle del milenio reposaba sobre la almohada que ocupó el faraón en la noche anterior. Ese lado de la cama todavía permanecía tibio.
Yugi sólo sonrió. Abrazó el puzzle y lloró.
El día por fin había llegado.
Terminó de arreglar sus cosas, guardando todos los objetos milenarios en un gran bolso. El barco ya había tocado tierra y había que partir enseguida.
Debía apurarse. Tal vez, los demás ya lo esperaban y no quería que Seto empezara con sus sermones de puntualidad y pérdida de tiempo, aunque ese era un asunto más propio de Jounnouichi que de si mismo.
Se colgó el puzzle al cuello y sonrió. De inmediato, una caricia cálida le rozó el rostro.
– Ha llegado el momento – dijo Yugi.
“Lo sé. ¿Vamos?”, se oyó en el aire.
– Sólo un segundo más – y abrazó el puzzle.
Al instante, una difusa silueta le abrazó por la espalda, sosteniéndolo con fuerza.
– Mi otro yo…
“Si tuviera la oportunidad…
…de pedir un deseo único en el mundo…
…Desearía que te quedaras aquí, a mi lado…
…Para siempre”.
“Yo también, compañero…”
“… YO TAMBIEN…”
– Fin –
Ying Yang
f 6, 09 por Kuroi Neko
Dentro de la categoría Yu-Gi-Oh fics
-¡¡Quédate quieto!!- tiro aun más de la cuerda, hasta no escuchar mas que gemidos ahogados.-Espero que ahora si te dejes… ya sabes lo que podría pasarte…-soltó un poco la presión, dejando pasar aire a los pulmones de Joey.
-Po…por favor… por favor… Kaiba, dej-
-¡¡Qué te dije!!… mierda Joey, no me dejas salida…-lo golpeo en el rostro, manteniéndolo sobre la cama y tomando el látigo que pendía de su cinturón comenzó a azotarlo, marcando la piel desnuda de todo su cuerpo.
Reducido a un ovillo, su cuerpo en posición fetal intentaba protegerse de los afanosos golpes que dejaban salir sin su consentimiento gruesas lagrimas y jadeos del mas puro dolor, mordiéndose el labio inferior trataba de reducir su lamento… que el sádico espíritu de Kaiba no se alimentara de su sufrimiento.
Un horrible escozor, la húmeda sangre y una suave brisa cubrieron su cuerpo… el látigo ahora inerte en manos del amo de su cuerpo.
-Joey… ¿por qué no entiendes?… yo… tú sabes que no quiero hacerte daño… pero si no obedeces a mis órdenes… no tengo otra alternativa…-camino hacia la cama y acaricio la espalda salpicada de sangre. –Joey… obedéceme… y esto no volverá a ocurrir…-
-Kaiba…-levanto el rostro, como era posible que kaiba mostrara un rostro tan amable y sereno luego de azotarlo y torturarlo, como era posible que él mismo adorara ese agradable dulce en su voz mientras intentaba violarle… como eran posibles tantas abominaciones, sobre su cuerpo, sobre su alma…
-Déjate Joey… en serio te gustara…-acaricio su rostro –tu sabes que te quiero…-examino su cuerpo lacerado, mientras con su látigo movía su cuerpo sin tocar su piel maltratada, extendiéndolo sobre la cama. –cachorro, eres tan lindo…-lamió una de las profusas heridas que surcaba el pecho del rubio, éste solo intento ahogar el gemido de dolor.
-Kaiba… no, por favor…- apretó los ojos… ¿cómo decirle?…
-¿Qué?… ¿que acaso no es suficiente?…- los ojos iracundos de Kaiba se posaron sobre los suyos.
-No!!… no es eso… es solo… es solo que duele… mucho…-sintió como todos su cuerpo se reducía bajo la mirada intimidante de quien hace días era su amo.
-¡¡Dios!!… ¡¡si me hubieras hecho caso, no tendríamos este problema!!…-se sentó en la cama, apoyando una de sus manos en la cama, sintió la humedad de la sangre y las lagrimas mezcladas en la sabana. –No puedo hacerlo en estas condiciones…- se levanto y cruzando la habitación salio.
Minutos más tarde entro Mokuba cargando una bandeja con cremas y una toalla húmeda.
-¿Joey?…- camino inseguro por la habitación, cubierto por una sabana, parecía que el rubio dormía.
-Hola…-Joey abrió los ojos.
-Dormías?- se sentó a su lado.
-No… solo descansaba…- imito una sonrisa lastimera.
Mokuba miro las heridas en el cuerpo de Joey, Dios, ¿cómo su hermano podía hacer eso?, maltratarlo de esa forma tan brutal… si era verdad aquello que Joey había hecho contra Seto y que se suponía habían arreglado con un duelo de monstruos, definitivamente ahora pensaba de una manera completamente diferente que en un comienzo… nada era tan malo como para sufrir de aquella manera. Pero entonces miro los labios hinchados y rojos del rubio, no era la primera vez que estaban así… bajo la vista apenado… él no era tonto, sabia que su hermano lo estaba mortificando de alguna manera, que los golpes no eran lo único que los unía a ambos… de alguna forma estaba ocurriendo algo entre ellos, algo quizá cruel, reflejada en la mórbida sonrisa del Ceo al salir de la habitación que ocupaba Joey, alguna insana satisfacción al… obligarlo, eso, quizá lo estaba… sometiendo… Dios, esa extraña obsesión por el rubio estaba enloqueciendo a su hermano.
-Te duele mucho?- su voz acongojada.
-No…- sonrió –ya estoy bien… tu sabes, soy una persona fuerte…- le regalo una de esas miradas cariñosas que hace tiempo no se veían por su rostro.
-Mi hermano me pidió que te curara…-se subió en la cama para acercarse mas.
-Ahh…- bajo la mirada, avergonzado; se sentía mal al mirar el rostro triste de Mokuba cada vez que presenciaba el trato que Kaiba ejercía sobre el y aunque Mokuba no entendía como se había llegado a aquella extraña situación, sí sabia que su hermano se había ganado el cuerpo de Joey en un duelo de monstruos.
Lo que no sabia era que Joey había promovido aquel duelo por una cuestión mas personal… lamentablemente el trato antes y durante el duelo tergiversaron sus verdaderas intenciones, el solo quería pasar un rato con el trigueño de ojos azul cobalto, no que su estancia en la mansión Kaiba se transformara en un enfermizo intento de humillación. Había llegado el mismo jueves después del duelo, Yugi había intentado acompañarlo hasta casa de Kaiba, pero este se negó rotundamente.
-Lo veras dentro de una semana mas Moto- solo eso y cerro la ventana de su limusina que comenzó a avanzar despacio por la ciudad –te aconsejo que recuerdes como esta la ciudad ahora, quizá la próxima vez que la veas, este diferente…-y aquella mueca sádica.
Dios!, y era verdad, lo único que veía cada día era el rostro de Kaiba que entraba a su habitación claustrofobica para que éste lo sirviera como si fuera una simple mucama, vistiendo un simple yukata, tratándolo como un gran señor… lo hacia comer junto a él, en el suelo junto a sus pies; dos días solo con Kaiba, con la rutina de la gentil sirvienta, comer, complacerlo en todo lo que deseara… o en casi todo…
-no!!… ni aunque me obligues…-
Y así comenzó todo, Kaiba lo obligo… primero con inofensivas sustancias psicotrópicas, amenazas… Que no se diga que Joey Wheeler se dejo someter a la voluntad de Seto Kaiba… eso no fue así.
Iban dos días y Joey ya había intentado escaparse de la mansión Kaiba, obviamente sin resultados, dos días… y pensando que nada mas podría ocurrir, se atrevió a enfrentarse al dueño de su persona… fue entonces que pudo ver a Mokuba, y no en las mejores circunstancias.
Fue la primera vez que Kaiba lo golpeo, con una varilla desato su frustración, deseaba pasearlo como a un perro, casi desnudo, por el inmenso patio de la casona.
-Quiero que te quites la ropa y te pongas esto- le mostró un pantaloncillo y una camiseta sin mangas de latex, junto a un collar grueso de cuero negro donde iba enganchada una cadena.
-¿Qué es esto?…- miro extrañado, medio sonriendo pensando en que era una broma –es una broma Kaiba?, no sabia que las hacías…-
-No es broma… quitate la ropa, ahora…-le arrojo el traje a la cara –ahora…-
-No juegues, esto no es lo que acordamos…-tiro la ropa al suelo.
-Acordamos que harías lo que yo quisiera por una semana… y quiero que te quietes la ropa y te pongas eso…-
Finalmente termino casi arrastrándose de dolor sobre el pasto, con las costillas salpicadas de contusiones y laceraciones abiertas, con la camiseta apretada raspándole y manchándose de sangre, pidiendo compasión, gritándole que estaba loco…
-¿Loco?…- se agacho hasta quedar a su altura –si, por ti…-murmuro en su oído, dulcemente –me encantas, especialmente cuando suplicas…- le beso los labios, tan gentilmente que parecía que todo el dolor había sido algo irreal, un mal sueño… era ilógica la idea de estar casi secuestrado por un psicópata que gustaba de hacerlo sufrir.
El jalón de la correa lo volvió a la realidad.
La varilla de madera, la cuerda que lo dejaba sin aire cada vez que Kaiba tiraba de ella, la paleta de plástico… y el látigo, habría algo mas?, era posible viniendo de la mente de Kaiba.
Ahora, al cuarto día, después de haber asumido la tarea de animal de compañía, de sirvienta a todas horas, de modelo, paseándose por toda la casa sin ropa, posando en las posturas mas calientes para su colección de fotos pornos, después de haberlo filmado masturbándose, teniendo un orgasmo con un vibrador… después de haberlo hundido en la nada, quizá en algún momento la voz dulce y consoladora del Ceo lo había hecho olvidar toda aquella pesadilla, esa venganza ridícula que podría soportar… esta bien, era humillante ser su animal y sirvienta, pero perdonaba todo con sus caricias fugaces… estaba cumpliendo parte de su sueño… pero todo se perdió el día en que lo golpeo y lo trato como perra en celo… que caída había sufrido la adorable visión de Kaiba, el chico frió que tenia en lo profundo de su corazón un lado dulce… y el lado desequilibrado?, nadie le había advertido que venia en el paquete…
-¿Pasa algo Joey?-Mokuba lo miro extrañado.
-No, solo recordaba…-hundió su rostro entre sus brazos, apoyados sobre la almohada.
Aquella tarde Kaiba había estado tomando sake, parecía hacerlo mas a menudo desde que él estaba ahí; no estaba ebrio, pero era suficiente para que su parquedad fuera guardada en algún lugar de su mente.
-Levántate…- le ordeno, Joey que estaba arrodillado a sus pies se situó a su lado.
–tomate esto…-le extendió un vaso de sake, junto a un par de pastillas verdosas. Joey miro el látigo negruzco en el cinturón de seto… no tenia más remedio que obedecer.
–acuéstate en la cama…-trago duro, sus manos comenzaron a sudar mientras caminaba a paso lento, llegando junto a la enorme cama de dos plazas Kaiba le ordeno que se quitara el yukata.
-Quedan 3 días… solo 3 días, creo que ya es hora de pasar a “otra cosa”…-sentándose junto al cuerpo extendido de Joey, le quito el collar de cuero y en su lugar le puso el cordón que sujeto a su muñeca.
-Kaiba… por favor…- lo miro suplicante –que haces?… por favor… no…-se sentó en la cama y trato de alejarse, pero el jalón lo tiro de cabeza junto al regazo del ceo.
-Me encanta cuando suplicas…- se desabotono el pantalón y acerco el rostro del rubio hasta el cierre –hazlo…- Joey lo miro con enormes ojos. –hazlo… así te dolerá menos…-
Pensó en aquello… “aquello”, hubiese soñado antes en tener sexo con Kaiba, le habría gustado hacerlo con él si su lado enfermo no se hubiera presentado?…
-no… no, Kaiba… ya es suficiente…-se aparto.
-¿Cuántas veces me has dicho lo mismo?… ¿ah?… ¿para que sigues intentando oponerte si al final haces lo que yo te digo?…- lo jalo, quería que lo mirase a los ojos.
-¿por qué haces todo esto?…-
-Ya lo sabes… me gustas…- abrió el cierre de su pantalón.
-¡¡No!!…-lo alejo de si –estas enfermo… déjame en paz!!…-
-No me obligues a pegarte…-lo amenazo.
-¡¡Hazlo!!, y terminaras haciéndolo con un muerto…-se movió hacia el lado opuesto de la cama, pero la cuerda comenzaba a quitarle el aire.
-No me obligues Wheeler…-ambos tirando del lado opuesto de la cuerda, uno por mantener el control… el otro intentando respirar.
-¡¡No!!…-pateo hacia el estomago del ceo, como tantas veces antes lo hizo, tratando de hacerse respetar…
Un golpe, un simple golpe… nunca se había sentido tan débil e inútil como durante su estancia en la mansión Kaiba… parecía una chiquilla, comiendo a penas lo necesario y obligándolo a tomar esas pastillas que parecían consumirlo.
-¡¡Mierda!!…-Kaiba termino por tirarse sobre el, para inmovilizarlo con su cuerpo.
-¡¡Déjame!!… ¡¡suéltame Kaiba!!…-forcejeaba, intentando deshacerse del peso.
-¡¡Quieto!!… ¡¡quédate quieto!!…-lo tomo de las muñecas, y con dificultad lo sujeto por sobre su cabeza, mientras se acomodaba entre las piernas del rubio.
-¡¡Ahh!!!… ¡¡No!!… ¡¡Mokuba ayúdame!!!… ¡¡Mokuba!!…-el puñetazo colérico que Kaiba soltó en su rostro lo callo rápidamente, desorientándolo momentáneamente.
-¡¡No lo llames!!… ¡¡nunca mas!!…-observo el hilo de sangre que comenzaba a fluir del labio inferior del rubio –Joey, no te pongas así…- lamió su sangre y lo beso –ya veras que te gustara…-le sonrió, una mueca empañada en una desquiciada alegría.
-Por favor…-un débil murmullo.
-Quizás podríamos arreglar un acuerdo para que te quedes mas tiempo…- sujetando ambas muñecas del rubio con solo una mano, con la otra seto se quitaba el pantalón y el boxer, haciéndose espacio entre las piernas de Joey.
-Seto… por favor…- casi audible.
-Una semana más… conmigo… ambos juntos… me gusta la idea… Joey… Joey…-
-¡¡No!!…-grito histérico al sentirlo… ahí, entrando… no, cerro los ojo…no… grito, mas fuerte… golpeo, mas fuerte… su voluntad, mas fuerte…
Habría cruzado por su mente la idea de “deshacerse” de Kaiba?, hace 4 días atrás… cuando el Ceo era perfecto para todo “su mundo”, habría deseado con todas sus fuerzas matarlo rápida y fríamente?… no, claro que no… si alguien le hubiese descrito mas o menos lo que veía ahora, lo habría encontrado erótico… y seguramente se habría dejado hacer, si no fuera porque los días que habrían precedido a este climax lo habían torturado hasta el punto de desear la muerte… de uno de los dos.
-¡¡Quieto!!…-lo golpeo de nuevo, pero Joey continuo negándose –¡¡no te muevas mierda!!…- he intento de nuevo, sujetando una de las suaves rodillas del rubio por sobre su hombro.
-¿Joey?…-Mokuba lo sacudió con delicadeza, intentando no hacerle mas daño.
-¿Ah?…-lo miro como perdido.
-Ya termine…-arreglo la bandeja –¿no quieres nada mas?… una de las pastillas verdes que te da mi hermano para el dolor…-
¿Pastillas para el dolor?… ciertamente que sentirte mareado, con la mente perdida en algún lugar muy alto, mientras ves todo a tu alrededor con una textura esponjosa, evita el dolor físico…
-No gracias… estoy bien así…-
-Bueno, entonces me voy…- se bajo de la cama, sosteniendo la bandeja.
-¡¡No!!… ¿por qué tan luego?…- la mirada suplicante y asustada, no quería estar solo… no quería verse disponible para otra sesión de latigazos o intentos de ultraje.
-A mi hermano no le gusta que este aquí mucho tiempo…-se sintió nervioso –que pasa entre tu y mi hermano, porque el… te golpea?…-
-…-observo esos enormes ojos violeta, ojalá nunca encuentre una persona como Kaiba, por lo menos no como yo la encontré… ojalá, su vida no se vuelva turbia como la mía, pensando en un contacto antinatural… y ojalá, el brillo inocente de sus ojos se logre mantener por mas tiempo del que dura actualmente en los niños… -es mejor que te vayas, seto debe estarte esperando…-
-¿Joey?…-lo miro de nuevo
-en serio, no pasa nada… nos vemos otro día…-pensar que Kaiba representa un héroe para él…
Lo despidió con una mano en alto, sonriéndole, como nunca mas lo volvería a ver, una mente desquiciada y un hombre arrepentido deseando la liberta a toda costa, odiándose por el repugnante sentimiento que lo condujo a confiar en un alienado… Seto Kaiba, el Ceo… el hombre mas inteligente de ciudad domino, a sus 17 años, rallando en la locura por la presión de cuidar de un hermano y la obligación de un adulto, en el limite de la demencia por el recuerdo de un padrastro que lo golpeaba y forzaba de la misma forma como lo había hecho con la 2º persona que mas había querido en su corta vida…Kaiba lo quería, cierto… quería a Joey Wheeler, y mucho, desde siempre lo había anhelado, no importando las ofensas, las malas palabras, él lo apreciaba… hasta el punto de transformarse en un amor obsesivo… un “Amor desesperado”.
Querer tanto algo que no te das cuanta que lo destruyes, desear locamente, satisfaciendo tus necesidades de su presencia, sin comprender que su alma muere en el acoso, en el aislamiento… fuera de su naturaleza, de su ambiente, todo ser termina consumiéndose.
Que la muerte perdone las faltas… provocadas por este mundo miserable sobre la frágil y moldeable mente humana.
Fin
Escrito por:
Kitsune_Eri eri_kitsune@hotmail.com y
Kuroneko kuroi_okane@hotmail.com.
Ámame una vez Más
f 6, 09 por Forfirith-Greenleaf
Dentro de la categoría Yu-Gi-Oh fics
Declaimer: Los personajes y nombres utilizados en este fic son propiedad de Kazuki Takahashi, yo simplemente los tomé prestados para crear una historia.
“Diálogos”
“Pensamientos”
Canción y voces
La última luna
Las lágrimas no dejaban de brotar por ese par de ojos color chocolate, ya hacía tiempo que sabía que Seto no estaba siendo muy sincero con él, sin embargo, el amor que el rubio le profesaba a su novio era enorme y había dejado pasar algunos detalles que en realidad no creía muy ciertos; guardaba la esperanza de que todo era producto de su imaginación, no obstante su corazón dolía cada vez que se percataba que Seto ocultaba algunas cosas. Pero esa mañana, sus propios ojos comprobaron que todo lo que sabía era verdad, y para colmo, lo había visto con uno de sus mejores amigos, y no era uno cualquiera, sino el que se hacía llamar su mejor amigo.
Joey corría por las calles sin importarle que lo vieran en ese estado, total, su vida estaba destrozada desde el momento que comprendió el porque Seto le mentía tanto, no solamente se sentía utilizado, además había sido un estúpido al creer que una persona como lo era Seto Kaiba, podía estar enamorado de un simple muchacho promedio que había sido repartidor de periódicos… claro que no, ahora lo sabía, el gran CEO se merecía a alguien que fuese de su nivel, y que mejor partido que un Faraón.
Sin detenerse en su carrera, importándole muy poco si pasaban coches al momento de cruzar las calles, por fin llegó a su departamento, ese hogar que compartía con él desde hace dos años, al entrar, un vacío muy grande se formó en su estómago, aún no podía creer lo que estaba viviendo.
Caminó hasta el gran ventanal que estaba en la sala, donde se podía apreciar toda la ciudad, observó el paisaje por un momento y dándose la vuelta se dejo resbalar por el, hasta quedar recargado en el pedazo de pared sobre el que descansaba el ventanal; recogiendo sus piernas hacía su pecho, las abrazó con firmeza y metió su rostro entre sus rodillas, comenzando a brotar nuevas lágrimas, mientras pensaba…
“Por qué Seto?… yo siempre te di todo mi amor, te demostré lo importante que eras para mí, por qué Seto?… por qué?…
Alzando un poco el rostro, comenzó a inspeccionar el departamento, recorría con la mirada cada rincón de este, como queriéndolo grabar por siempre en su memoria…
“Aún recuerdo cuando vinimos a ver el departamento juntos, me habías ofrecido irme a vivir contigo a la mansión, pero yo me negué, te dije que yo quería pagar por el lugar donde un día viviríamos y fue cuando te decidiste por un departamento, diciéndome que poco a poco lo iba a poder liquidar, aunque se que tú ya lo has hecho…”
Una sonrisa triste se asomó por el rostro de Joey, debido al pensamiento que acababa de tener, ese lugar era como un santuario para el rubio, puesto que los momentos más felices de su vida, los había vivido en ese departamento.
Joey seguía recorriendo con la vista cada punto de ese lugar que era su hogar, hasta que el sonido del teléfono llamando, lo sacó de sus meditaciones, no tenía ninguna intención de levantarse a contestarlo, y no porque su estado lo impidiera, sino porque ya sabía quien era… después de cuatro timbrazos, la contestadora fue la que hizo su trabajo…
“Hola quien quiera que seas, somos Joey y…” – Joey trataba de hablar bajito para que no se escuchara – “vamos Seto, tienes que decir tu nombre tu mismo…” – después de un muy notorio “hm”, se volvió a escuchar…
“Somos Joey y” -
“Seto” – por fin dijo el moreno, dejando que el rubio siguiera con el mensaje
“Y en este momento no nos encontramos en casa… o a lo mejor si estamos jejeje, pero andamos algo… ocupaditos…”
“¡¡Cachorro!!…”
“Esta bien, esta bien… cuando escuches el bip, déjanos tu mensaje, bye bye…” – Joey hizo una sonrisa sarcástica, mientras movía la cabeza de un lado a otro, de forma negativa…
Cuando se escucho el bip, la llamada fue tomada…
“Cachorro, contéstame… se que estas ahí… necesito que hablemos, lo que viste en mi oficina, no era lo que parecía… bueno es cierto que estaba ahí con Yami, pero… por favor, cachorro, contéstame…” – la voz de Seto sonaba angustiada, sin embargo eso a Joey no le importó, simplemente se limitaba a ver el teléfono, después de un momento de silencio, la llamada seguía…
“Muy bien cachorro, hablaremos más tarde entonces, llegaré al departamento como a las ocho, ahora tengo una junta muy importante… te veo al rato… te amo!!!” – después de esa frase, la llamada terminó, Joey simplemente cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás y recargándola en la pared, mientras comenzaba a decir en voz alta…
“Claro Seto, una junta muy importante… seguramente no has terminado de cogerte a Yami…” – decía mientras abría sus ojos que ya comenzaban a llenarse de lágrimas de nuevo…
“Y si… aquí me veras…” – murmuraba con la voz entrecortada – “Y yo… yo también… te amo… Seto” – bajaba su rostro mientras el llanto se hacía mas fuerte, volviendo a hundir su rostro entre sus rodillas.
El tiempo pasó relativamente rápido, eran las 8:00 P.M. cuando un Mercedes Benz color negro iba llegando a la cochera de unos lujosos departamentos, del vehículo bajaba el gran CEO de KC, iba a toda prisa con dirección al departamento número 805.
Cuando por fin llegó, sacó sus llaves y abrió la puerta, encontrándose con una gran oscuridad, entró y colocó las llaves sobre una repisa a un lado de la puerta, se dirigía al interruptor de luz, cuando la voz de Joey lo detuvo…
“No la enciendas… así se puede admirar mucho mejor el paisaje desde la ventana” – Joey se encontraba parado frente al ventanal, con los ojos muy fijos en las luces que venían de la cuidad, tenía los brazos a un costado, pero las manos estaban en forma de puño…
Seto por fin cerró la puerta y se quitó la pesada gabardina que traía puesta, arrojándola a uno de los sofás, muy despacio, se fue acercando hacia Joey, hasta quedar a espaldas del rubio, muy tranquilamente, Seto pasó sus brazos alrededor del cuerpo de Joey, juntando sus manos sobre el vientre de este y recargando su barbilla sobre la cabeza del rubio.
El silencio que reinaba el departamento era demencial, solo se escuchaban las respiraciones de ambos, Seto no era un hombre que hablara mucho o que gustara del ruido, pero en ese momento, solo quería escuchar a su cachorro, por eso fue él quien rompió el silencio…
“Joey, sobre lo de hace rato… solo quiero explicarte lo que pasó… no se como sucedió todo esto, ni porque comenzó… solo quiero que sepas, que tu eres muy importante para mi cachorro… yo te a…”
“¡¡No lo digas!!… ¡¡maldita sea, no digas cosas que no son ciertas!!” – interrumpió el rubio, mientras se soltaba del abrazo del moreno y ponía sus manos sobre sus orejas, queriendo que esta acción pudiera tapar todo lo que fuera a venir de la boca del CEO, sin embargo, siguió hablando…
“Joey… escúchame” – decía Seto mientras quitaba las manos de Joey de sus orejas tomándolo de las muñecas, y acercando su rostro al del rubio siguió hablando – “Yo te amo, lo que pasó con Yami… fue un error, nunca debió pasar, porque yo solamente te amo a ti Joey, solamente a ti cachorro”
Joey miraba fijamente los ojos azules de Seto, iluminados únicamente por la luz que la luna transmitía, muy dentro de su corazón, decía que todo lo que el CEO estaba diciendo, era verdad, pero en ese momento recordó, las miles de veces que Seto le había engañado, no solamente porque se había enterado de los posibles amantes de su novio, sino de muchas cosas más que se fueron acumulando, pero que el amor ciego que tiene por él, nunca le dejó ver la realidad.
De todas tus mentiras guardo un mal sabor
Y mentiras ya no quiero más
No pierdas más tu tiempo en pedir perdón
Pues te juro que no me vuelvo atrás
“Mi amor… perdóname, te juro que no volverá a pasar… por favor, dame la oportunidad de demostrarte que no miento… que en verdad te amo”
“No Seto… ya no puedo creer en ti, ya fue demasiado el daño que me has hecho, no tiene caso seguir con esta farsa, puesto que me queda muy claro que tu realmente no me amas… posiblemente me tengas cariño… pero no amor Seto”
“No digas eso Joey, en verdad me lastima que pienses eso”
“¡¡Y que quieres que piense cuando veo a mi novio con mi mejor amigo!!… no, en esta relación solamente uno de nosotros fue el que amó, y ese fui yo, tu no, tu tenías deseo, atracción, posiblemente algo de cariño, pero jamás amor… yo si te amaba Seto… o peor aún… te amo”
“Cachorro…”
“Dime en que fallé Seto?… que fue lo que hice mal?… que fue lo que te desagrado de mi que tuviste la necesidad de buscar en otro lado eso que yo no tengo” – decía Joey mientras se soltaba del agarre de su novio y dirigía su mirada hacia el ventanal recargando sus manos junto con su frente en el vidrio de este.
“Que es Seto?… que es?” –
“Nada cachorro, no has fallado en nada, eres lo mejor que tengo en la vida, tu no has cometido ningún error, el de los errores aquí he sido yo” – decía Seto mientras se iba acercando a Joey, volviéndolo a abrazar por la espalda
No me pidas que haga la locura
de creerte una vez más
Nomás regálame la ultima luna
Una noche que no olvide jamás..
“Joey… me darás una oportunidad verdad?… verdad que si mi amor?”
Joey no decía nada, simplemente seguía mirando por la ventana y ese silencio puso muy nervioso a Seto, el cual estaba haciendo un esfuerzo muy grande por no derramar ninguna lágrima que osaba salir por sus hermosos orbes azules, su desesperación también estaba llegando a un punto muy alto, ya que no veía buena reacción por parte del rubio, ya no veía de que manera hacerle entender a su cachorro que lo amaba con todas sus fuerzas y que lo de Yami, había sido un grandísimo error, el moreno estaba a punto de decir algo cuando Joey por fin habló…
“Recuerdas cuando nos venimos a vivir aquí, la primera noche que pasamos en este departamento… la luna era llena como lo es ahora…”
“Si, lo recuerdo perfectamente, estábamos parados aquí abrazándonos como lo estamos ahora, viendo por la ventana la inmensa ciudad…”
“Así es, hicimos el amor después de eso… era una noche exactamente igual a esta… Seto?…”
“Dime cachorro”
“Quiero que me hagas el amor, como esa noche…”
“Pe… pero Joey…” – los labios del CEO fueron acallados por el dedo del rubio, mientras este seguía hablando…
“Solamente eso te pido Seto, hazme tuyo una vez más, hazme el amor como nunca, por favor… solo quiero eso”
Seto se quedó en shock, claro que no se opondría a la petición de Joey, pero no le gustaba esa manera de pedírselo, aunque ardía en deseos de poseer al rubio una vez más, tenía miedo, por primera vez en su vida, el gran Seto Kaiba tenía miedo, pero así fuera lo último que hiciera, iba a complacer a su cachorro en todo lo que le pidiera.
Desnúdame de a poco
y bésame a lo loco
Invéntame un momento
que no tenga final
Aprisióname en tus brazos
Y quiébrame en pedazos
Arrójalos al viento
Ámame una vez más
“Si mi amor, siempre serás mío… siempre seré tuyo…”
“Te amo tanto Seto… tanto” – decía Joey en lo que se volteaba y abrazaba con todas sus fuerzas al CEO, rodeando con sus brazos el cuello de este
Kaiba lo apretaba cada vez más a él, enterrando su nariz en el cabello dorado de su amor, aspirando ese dulce aroma de la persona a la que más amaba en el mundo… Joey mantenía su rostro recargado en el hombro del moreno, deseando que esa noche fuera eterna, como el amor que le tenía a Seto.
Poco a poco Kaiba fue descendiendo su rostro hacia el cuello del rubio, dejando suaves besos en su paso, cabeza… oreja… mejilla… hasta llegar a su cuello, ese lugar que tanto le gustaba explorar al moreno. Joey al sentir los suaves roces que iba dejando la boca de su amado por su rostro, ladeo la cabeza un poco para que el CEO tuviera mejor acceso.
La lengua de Seto recorría cada rincón de la cremosa piel que poseía el rubio en esa zona, pequeños gemidos salían de la garganta de Joey, indicándole a su amante que lo que estaba haciendo le gustaba. Las manos del CEO comenzaron a subir por el pecho del rubio, hasta encontrarse con el primer botón de la camisa, liberándolo del ojal que lo mantenía preso… ese fue el destino de todos los botones, hasta dejar descubierto el delicado, pero firme pecho de Joey. Sin previo aviso, la boca de Seto fue descendiendo dejando pequeñas marcas rojas por donde iba pasando, hasta que se topó con uno de los pequeños capullos rosados del rubio, el cual comenzó a lamer y chupar frenéticamente, como si con este acto, devolviera la felicidad que su cachorro tenía solamente un día antes.
Cuando terminó con su trabajo con uno de los capullos, se pasó al otro, repitiendo la placentera tortura que el rubio sentía… las manos de Joey se dirigieron al cabello del moreno, tomando esas sedosas hebras que tanto le gustaba acariciar, y con un delicado movimiento, fue alzando el rostro del CEO hasta tenerlo a la altura del suyo, se miraron eternos segundos que les parecieron horas, Seto pudo notar el delicado sonrojo que las mejillas de Joey tenían…
Estudiando minuciosamente cada parte del rostro de Joey, Seto se lanzó a la boca de su novio, aprisionando con la suya, los carnosos labios que este poseía, pidiendo la autorización para que su lengua pudiera explorar una vez más, esa cavidad tan dulce, que para su gusto, era la más deliciosa que jamás había probado… sin mucho vacilar, el rubio dio la autorización y en un segundo, su lengua se encontraba manteniendo una batalla campal con la lengua de su novio, pero no era una lucha por el dominio, al contrario, desde que se habían encontrado, ambas ya se habían rendido ante la otra, simplemente era un grito desesperado porque esto nunca terminara.
Todo había comenzado con una simple lucha, pero poco a poco, esta se iba transformando en algo más fuerte, y no es que fuera algo doloroso, con todo y la presión que Seto estaba dando sobre la boca de Joey, este sentía que era el mejor beso que jamás había recibido por parte de su novio, y el sabía que esto se debía, a que iba a ser la última vez que estarían de esa manera.
Mientras el CEO seguía besando a Joey, sus manos no se quedaban quietas, fue retirando de manera sutil la camisa que hacía poco había desabrochado, haciéndola resbalar por los hombros bien formados que tenía su pareja, acariciando cada parte que iba quedando sin resguardo… una vez que la prenda se hallaba inerte en el piso, los pantalones del rubio correrían el mismo destino. Dejando de besar a Joey, muy lentamente lo fue recostando en el piso alfombrado mientras se posaba sobre él, poco a poco fue bajando, mientras estudiaba con la mirada, la perfección del cuerpo que Joey poseía, así fue descendiendo hasta que se topo con la pretina de los pantalones que su novio aun tenía puestos, y regresando la vista hasta esa mirada color chocolate, fue que entendió el mensaje que esta le mandaba. Con manos temblorosas como si fuera la primera vez que hacía esto, Seto desabrocho el botón que mantenía sujeto dicha prenda, y con su boca fue bajando la cremallera, liberando los boxers que ya poseían un bulto, el cual crecía cada vez más, cuando la nariz de Seto rozaba con el, mientras hacia su labor de liberación
Los pantalones fueron retirados en su totalidad, y ese mismo destino corrieron los molestos boxers. Una vez que Joey estuvo completamente desnudo, este procedió a desnudar a su gran amor, el cual de manera desesperada ayudaba al rubio, para que él también se encontrara en las mismas condiciones que su novio.
No hay nada más difícil, que decirte adiós
porque se muy bien que nunca más
podré olvidar la música que hay en tu voz
el perfume de tu piel, tu mirar
Cuando por fin los dos estuvieron de igual manera, Joey comenzó a acariciar el rostro de Seto, pasando sus dedos por todas sus facciones, memorizando cada una de ellas, él sabía muy bien que no quería dejarlo, pero su corazón ya dolía mucho, y también sabía que esto que estaban haciendo, iba a ser más duro el momento del adiós, pero quería guardar un recuerdo más de los vividos con Kaiba, y que mejor manera que profesándose amor.
“Cachorro… eres lo más hermoso que jamás haya tenido, ni el dinero, ni los lujos… nada es mejor que estar a tu lado”
“Por favor Seto… sigue hablándome de esa manera, sigue diciendo lo mucho que me amas, aunque no se verdad…”
“No Joey, no son mentiras, yo realmente te amo, por favor entiéndelo…”
“No importa eso ahora, simplemente, dímelo… repíteme a cada momento que me amas, no importa que sea verdad o mentira, solamente no dejes de decirlo…”
“Te amo Joey, te amo…”
Al terminar de decir esto, Seto volvió a besar a Joey de manera apasionada, cubriendo por completo la boca del rubio, mientras tanto su mano iba descendiendo a un costado del cuerpo del cachorro, hasta posarse sobre sus caderas, las cuales comenzó a acariciar de manera suave, logrando sacar pequeños gemidos que fueron acallados por la boca del CEO.
Cuando termino de probar el dulce sabor de los labios de su cachorro, comenzó a recorrer todo su cuerpo, dando besos que dejaban un pequeño rastro de saliva, marcando que esa era su propiedad, cuando Seto de detuvo a probar el cuello, que era su parte favorita, Joey lo abrazo, aspirando todo el aroma que el cuerpo de su amante despedía, y no es que percibiera el olor de la colonia que el CEO usaba, era el aroma que solo él podía percibir, ese que le recordaba que Seto era suyo y que él era de Seto.
“No quiero soltarte nunca Seto, quiero estar así contigo para siempre, porque tenía que amarte tanto… porque?”
Meditaba Joey, mientras iba soltando poco a poco a su novio, para que siguiera su recorrido por su cuerpo. Seto al sentir este acto, comprendió que el rubio deseaba que siguiera explorándolo, y así lo hizo, fue bajando por el pecho hasta llegar al vientre plano del rubio, regresando un poco más arriba, para jugar un rato con el ombligo de este, haciendo que todo su cuerpo se estremeciera por dicha acción.
Una vez que hubo terminado con el pequeño orificio situado en el estómago de su amante, se dispuso a llegar más abajo, ahí donde el miembro erguido del cachorro se encontraba, dulcemente con la punta de su lengua, comenzó a dar pequeñas lamidas que provocaron un mar de espasmos en el cuerpo de Joey, decidido a probar de lleno ese manjar que tenía enfrente, subió la mirada, topándose con otra que expresaban el deseo que sentía, pidiendo porque no parara con la labor que había comenzado, Joey hizo un movimiento apenas perceptible con la cabeza en forma afirmativa, dando su total autorización para que continuara.
Se que me esperan horas muy oscuras
Y se que voy a llorar
Pero hoy regálame la última luna
Una noche que no olvide jamás
“Seto, será tan difícil para mi no volver a ver esos ojos azules que tanto me gustan, será difícil no volver a sentir tu mirada recorriendo mi cuerpo… será tan difícil no tenerte a mi lado por las noches… será tan difícil dejarte de amar…”
Joey interrumpió sus pensamientos, cuando sintió como la boca de Seto cubría en su totalidad su miembro, dando pequeños masajes con la lengua mientras comenzaba con un suave ritmo ascendente y descenderte por todo lo largo de su hombría, Joey arqueaba la espalda cuando todo su interior sentía el recorrer de esos espasmos que le ofrecían un placer inigualable, estas sensaciones obligaban al rubio a mantener los ojos cerrados, pero él en verdad lo que quería era ver como es que su novio le producía estos estremecimientos.
Con toda la fuerza que pudo reunir, abrió los ojos y levantó un poco la cara, ahí pudo apreciar el ritmo que llevaba el otro, le gustaba lo que estaba haciendo con su cuerpo, pero quería ver esos mares azules que tanto le gustaban, así que levantando su mano, la dirigió hacia el cabello de Seto, enredando unos cuantos mechones cafés entre sus dedos. Seto al sentir la mano de Joey sobre su cabeza, sintió un miedo espantoso, y sin separarse del miembro de su amante, levantó la mirada, una mirada que expresaba angustia, el rubio al percatarse de esto, comprendió que el moreno creía que este le pedía que se detuviera, pero con una leve sonrisa, respondió al otro que no lo hiciera y que continuara, la mirada de Seto cambió al instante y cerrando de nuevo sus ojos continuó con lo que hacía, pero esta vez su ritmo era marcado por la mano de Joey.
Seto succionaba con placer el miembro del cachorro, sintiendo como se iba hinchando cada vez más, anunciando que muy pronto iba a descargarse, eso lo corroboró por los fuertes gemidos que Joey soltaba, provocando sensaciones placenteras, que comenzaban a despertar su propio miembro.
“Seto… yo… voy a… terminar”
El CEO al escuchar la voz entrecortada de su amante, lo que hizo fue acelerar sus movimientos, provocando que un grito de satisfacción saliera de que la garganta de Joey, al mismo tiempo que se derramaba dentro de la boca de Seto, el cual con infinito gusto, saboreaba todo el líquido blanquecino que este le ofrecía, sin dejar escapar ni una sola gota. Una vez que tragó todo el néctar, buscó de nuevo los labios de su cachorro, robándole un beso con el cual el rubio pudo probar de su misma esencia.
La pasión iba desbordándose a cada momento dentro del cuerpo de Kaiba y no lo estaba reprimiendo, quería hacer suyo ese delicioso cuerpo una vez más…
“Mi amor… Joey… necesito sentirme dentro de ti… te necesito tanto…” – murmuraba Seto sobre los labios de su amante
“Soy tuyo Seto, nunca lo dudes… soy tuyo…”
Enrédate en mi pelo
Consúmeme en tu fuego
Muérdeme los labios
No me tengas piedad
Devórame esta noche
con besos que me asombren
y que mi propio nombre
me hagan olvidar
Al escuchar estas palabras, el CEO no aguantó más y se lanzó de lleno contra Joey, aprisionándolo entre la alfombra y su cuerpo, comenzó a besar de manera frenética el cuello del rubio, las manos de Joey tampoco se mantenían quietas, por lo cual comenzó a dar ligeras caricias en la espalda del moreno, haciendo más candente el momento.
Seto tomando la cara del rubio, comenzó a dar minúsculos besitos por todo el rostro, mientras sus manos acariciaban las finas hebras doradas con ese exquisito olor a coco que lo volvía loco, recorría con sus labios cada rincón de las facciones de su novio, frente, nariz, ojos, mejillas… hasta volverse a topar con esa suculenta boca, en este punto, el CEO ya se encontraba muy excitado, y sin poder usar su autocontrol que tanto lo caracterizaba, invadió una vez más esa cavidad que lo llevaba a un sueño del cual no quería despertar, su lengua recorría cada rincón que la boca de Joey tenía, sin dejar de pasar por ninguno de ellos, cuando su lengua dejo de probar el interior de la boca del cachorro, sus dientes siguieron con el trabajo de torturar los labios rosados y carnosos que el rubio poseía, daba pequeños mordiscos que transportaban a su amante a una dimensión inimaginable, correspondiendo de la misma manera como su verdugo lo atacaba.
Muy lentamente, Kaiba fue bajando su mano, mientras recorría toda la espalda del rubio, hasta toparse con ese par de nalgas bien formadas, comenzando a masajearlas de manera firme, mientras iba buscando el pequeño orificio que lo haría gritar de placer. Cuando por fin lo encontró, comenzó a rodearlo con su dedo, excitando con cada caricia a Joey, el cual no aguantaba un minuto más, necesitaba sentir dentro de él a su amado. Esas sensaciones estaban embriagando totalmente al rubio, cuando para su decepción el CEO dejo de dar esos masajes tan placenteros.
“Que sucede Seto?”
“Cachorro, no tenemos lubricante, podría lastimarte si te penetro así…”
El rubio en ese momento esbozó una sonrisa, ya que pese a que se sintió contrariado por el repentino abandono, no vio como problema ese asunto. Tomo la mano que segundos antes le proporcionaban ese placer y tomo los dedos de Seto, introduciendo dos de ellos a su boca, los lamía y chupaba mientras cerraba sus ojos, el CEO en ese momento sintió como punzadas en su entrepierna y noto como crecía su hombría cada vez más. Por tener al moreno sobre su cuerpo, Joey pudo notar como el miembro de su novio crecía y apresurando su trabajo, saco los dedos de su boca.
“Ahora si puedes hacerme tuyo sin ningún percance… al menos que ahora no quieras hacerme el amor…” – dijo el rubio con un poco de desilusión en su voz
“Jamás digas eso… primero muerto antes de dejar de desearte con toda mi alma”
Y sin previo aviso, Seto comenzó a introducir uno de sus dedos por la entrada de su amante, en un principio Joey sintió un dolor muy fuerte que hizo que soltara un grito de dolor, pero mientras el dedo de Seto comenzaba a moverse muy sutilmente dentro de él con movimientos circulares, el rubio comenzó a sentir como su cuerpo empezaba a desplazar ese dolor, trasformándose en un placer increíble. Cuando el moreno vio que su cachorro comenzaba a destensarse, introdujo un segundo dedo y después un tercero, preparándolo para él. Una vez que sintió que ya estaba listo, retiro sus dedos y comenzó a besar a su amante.
“Estoy listo Seto… por favor… tómame, ya no aguanto más”
Kaiba no necesito nada más, en ese momento sujeto las piernas de Joey y las colocó sobre sus hombros, haciendo más fácil la penetración y dándole más placer a su cachorro. Comenzó con la punta mientras se iba deslizando suavemente para que el rubio se fuera acostumbrando a la intromisión en su cuerpo, cuando por fin ya estaba todo adentro, se quedo quieto, hasta que Joey le dijo que continuara. Comenzó a moverse sutilmente sacando y metiendo su miembro, mientras Joey arqueaba su espalda, de las gargantas de ambos comenzaron a salir gemidos que denotaban un placer inigualable, mientras los movimientos se iban haciendo cada vez más rápidos. Kaiba sintió que su amante comenzaba a moverse también, incrementando las sensaciones, ya que los dos imponían el ritmo que los estaba llevando a la locura
Desnúdame de a poco
y bésame a lo loco
Invéntame un momento
que no tenga final
Aprisióname en tus brazos
Y quiébrame en pedazos
Arrójalos al viento
Ámame una vez más
Joey alzó sus brazos y atrajo hacia si a su amado, haciendo que con ese movimiento, el miembro de Seto tocara un punto que hizo que soltara el gemido más fuerte que jamás había emitido, pero rápidamente fue silenciado por la boca de su amante, el cual lo besaba de la manera más dulce que se hubiera imaginado.
En lo que se besaban, las embestidas no cesaban, al contrario, incrementaban, haciendo que ambos llegaran al clímax de un momento a otro, mientras Seto no dejaba de besar y arremeter contra el rubio, una de sus manos bajaron hasta tomar el miembro de Joey y comenzó a masajearlo para darle más placer a su amor, ese placer que solamente él se merecía.
El departamento seguía inundándose de gemidos, hasta que uno demasiado fuerte retumbo por todas las paredes, el rubio había llegado al clímax manchando la mano de su novio y su propio vientre.
“¡¡Seto!!” – había dicho en su momento culminante
Pero un segundo gemido le siguió casi al momento, indicando que el moreno había culminado llenando todo el interior del cuerpo de su cachorro.
“Joey!!!… te amo… Joey” – grito el CEO, secundando el grito del primero.
“Ojala fuera totalmente cierto Seto, ojala…”
Totalmente exhaustos y uno encima del otro, Seto retiro muy lentamente su miembro del interior de Joey colocándose a un lado de este, atrayéndolo al hacer este movimiento, y recostándolo sobre su pecho, mientras acariciaba su cabello. Los dos se quedaron en silencio por largo rato, hasta que unos sollozos comenzaron a escucharse, Kaiba se dio cuenta de esto y tomando la barbilla del rubio, hizo levantar su rostro hasta que sus miradas se toparan.
“Joey… que sucede?” – pregunto el CEO con un dejo de preocupación en su voz
“Gracias Seto… gracias por este magnífico momento… jamás lo olvidaré, siempre lo llevare como lo más preciado para mi…”
“Pero que dices cachorro?… habrán muchas más veces como esta, y cada día te amaré con muchas más fuerzas”
En ese momento Joey se levantó del pecho de Kaiba y volteó a ver al ventanal, mientras miraba de forma muy detenida hacia la luna…
“Mira… que hermosa es… una vez más fue testigo de nuestro amor, de nuestra entrega, es la única que ha visto la manera en la que nos hemos amado… fue la única que vio nuestra primera vez y ahora es la única que vio nuestra última…”
“Cachorro… que quieres decir con nuestra última?”
Girándose hacia donde se encontraba Seto, el rubio se puso de pie tomando sus boxers del suelo y poniéndoselos, hasta quedar de frente al CEO que aún se encontraba sentado en el piso.
“Lo que pensaste… no eres nada tonto y se que ya sabes la respuesta” – dijo mientras se giraba y se acercaba a la ventana una vez más en ese día, el día más tormentoso para Joey, pero con la mejor noche de su vida
Y vete ya, ya
Y Vete… ya, ya
Vete… ya
Ya, ya
“Ya no quiero que estés aquí Seto, por favor vete… no quiero volver a verte… quiero dejar de amarte, tengo que dejar de amarte”
Kaiba en ese momento abrió sus ojos lo más que pudo, no podía ser cierto lo que decía su cachorro, no podía estarle pidiendo que lo dejara, no quería y no lo iba a hacer. Así que poniéndose de pie tomó sus pantalones y se los puso, mientras se dirigía hacia su precioso rubio, colocándose detrás de él, puso una mano sobre su hombro, pero de una fuerte sacudida, Joey le retiró la mano.
“Tu sabes que no me iré Joey… yo te amo y no te dejaré nunca”
“Pues si tu no te vas, el que se irá soy yo…” – dijo mientras lo encaraba, pero esta vez los ojos color chocolate, tenían una oscuridad que jamás había visto en ellos – “Así que decide, ya no quiero perder más tiempo… ya no quiero estar un segundo más contigo”
“Pero Joey… acabamos de hacer el amor, acabamos de confesarnos que nos amamos… acaso eso no cuenta para ti?”
“Acaso contó para ti estarle haciendo el amor a Yami?… también a él le decías que lo amabas?”
Seto se quedó mudo ante esa pregunta, comprendiendo que no tenía derecho de cuestionar a su cachorro después de haberlo visto con su mejor amigo teniendo sexo… porque eso es lo que había tenido con Yami, solo sexo… jamás con él había hecho el amor, puesto que solo lo podía tener con su precioso rubio de ojos color chocolate.
“Te quedas callado… entiendo que ahora comprendes… así que por favor, déjame” – respondía mientras su ojos se comenzaban a llenar de lágrimas y sus manos se cerraban en puños, hasta que la furia que venía conteniéndose desde hace rato salió y lanzándose sobre el moreno, comenzó a golpearlo en el pecho.
“¡¡¡VETE!!!… MALDITA SEA, LÁRGATE… DÉJAME SOLO”
Pero Seto únicamente atinó a sostenerlo de las muñecas, para evitar que lo siguiera golpeando, y lo fue acercando a su cuerpo para abrazarlo de una manera posesiva, mientras Joey se soltaba a llorar de una manera que rompía el frío corazón del empresario, se sentía muy mal, ya que él era el causante de ese dolor tan grande que tenía el rubio, de pronto sintió que su novio lo comenzaba a abrazar y hundía su rostro en su pecho, el cual segundos antes había sido golpeado.
“Te… amo… estúpido idiota… cuanto… te amo…” – murmuraba Joey entre sollozos
El moreno comprendió el dolor que tenía el rubio, pero no iba a rendirse y no iba a dejarlo, de eso estaba seguro, Seto Kaiba nunca perdía nada que fuera preciado para él y mucho menos por un estúpido error… así que dejaría que su cachorro se calmara un poco y le daría un tiempo… pero solo un tiempo, ya que él se encargaría de recuperar su confianza puesto que sabía que su amor, jamás lo iba a perder…
“Muy bien cachorro… me iré, no me volverás a ver” – dijo muy decidido el empresario, cosa que sorprendió demasiado a Joey
Sintió que su estómago daba mil vuelcos, pero… ¿no era eso acaso lo que él quería?… ¿no era eso lo que le estaba pidiendo?… se repetía a cada segundo esas preguntas, hasta que sintió como las manos de Seto subían su rostro para posarlo enfrente al del moreno, el cual simplemente esbozaba una sonrisa la cual descolocó a Joey… ¿acaso Kaiba estaba feliz de dejarlo?, pero su respuesta fue respondida casi al mismo tiempo en que se formulaba la pregunta…
“Pero solo será por un tiempo… porque te prometo… no, te juro… que volveremos a estar juntos y esta vez será para siempre y no habrá ningún error que manche este amor… y lo más importante, nunca más volverás a sufrir”
Terminando de decir esto, Seto le dio a Joey un suave y sutil beso en los labios, más bien fue un roce, pero para el rubio fue una liberación de toda la tensión que había sentido… las palabras que el CEO le había dicho, calmaron su corazón que dolía. Al separarse, Kaiba tomó su camisa y se la puso, luego se dirigió al sofá donde había colocado su gabardina y tomándola se encaminó a la puerta, la abrió, pero antes de salir por completo, se volteó y miró una vez mas la figura apenas visible del cuerpo de su amado, pero que la luna, aquella que fue su espectadora, iluminaba de manera tenue.
Joey veía como la puerta se cerraba lentamente, admirando la perfecta figura que poseía su novio; tan ido estaba en sus pensamientos que no pudo escuchar claramente lo último que Seto había dicho antes de cerrar por completo la puerta. Solo pudo apreciar las palabras “cachorro”… “por siempre”… “mío”.
Ante estas últimas palabras, Joey se volteó y mirando la luna una vez más a través de la ventana, esbozo una sonrisa, mientras pensaba…
“Si Seto… tuyo… por siempre tuyo…”
¿FIN?
CANCIÓN UTILIZADA
* Ámame una vez más – Amanda Miguel
Bye Bye
























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