Terminal
4 mayo, 2010 por Odal
en la categoría Fanfics, Originales
Ya habían pasado años desde la operación de Emilio, al parecer el nuevo corazón se adaptó sin problemas a su nuevo dueño. El muchacho se graduó con honores de la carrera de Medicina, ahora era especialista cardiovascular además de cirujano.
La vida para Emilio volvía a la normalidad con la que siempre soñó. El muchacho también tuvo un cambio visible en su persona, en los años que pasaron dejó de ser el pequeño muchacho de ojos agrandados, había crecido unos centímetros sus ojos tomaron una hermosa forma almendrada y su expresión no era tan ingenua. Quien lo mirara y no le conociera pensaría que era severo, pero al hablarle uno se daba cuenta de que seguía siendo un muchacho dulce aunque con un alo de tristeza en su gentil mirada.
Pero sin contar con los caprichos del destino que pondría a un joven en su camino, tal vez un par de años menor que él. Un chiquillo, que tal vez, cambie la vida de Emilio de una forma o de otra.
- ¡Señor McGregor!- Una voz le hizo volver la cabeza sólo para ver a un atolondrado muchacho correr por el pasillo del hospital.
- Hey…hey, tranquilo…- Le dijo en tono severo.- Si te crees un estudiante de medicinas lo mínimo que deberías saber es que no se corre en los hospitales.- Le regañó antes de darle la espalda y seguir su camino.
No le agradaba ser así de cortante con los nuevos estudiantes, siempre trataba de ayudarles, pero algo en ese chiquillo le turbó. Puede que hubiera sido el atolondrado carácter que le recordaba sus primeros años de escuela o su mirada… algo en sus ojos agudos y vivarachos le recordaban sus años de escuela cuando era entusiasta e ingenuo.
- Espere, lo he estado buscando toda mi vida…- Murmuró el joven con un curioso tono que hizo volver nuevamente la cabeza de Emilio. Al verse observado el chiquillo agregó.-…Bueno, no TODA mi vida, pero si las ultimas dos horas.
Bromeó poniendo sus manos sobre su cabeza estirando así su torso, Emilio se dio cuenta que, a pesar de ser menor que él, era mucho más alto. También se dio cuenta de lo esbelto que era, pero aun así no mudó su expresión severa acercándose al chiquillo.
- ¿Y a que se debe tanta urgencia?- Preguntó Emilio afilando su mirada la cual puso nervioso al estudiante.
- Bueno…este… verá…- Comenzó a tartamudear mirando hacia una ventana cercana y asintiendo como si mirara a alguien.- Lo estaba buscando, porque mi hermano mayor desea conversar con usted, él llegó hace unos días desde Londres y también es médico.- Explicaba ya más confiado.- Mi hermano está haciendo unos estudios sobre el cáncer terminal en zonas poco comunes y que, por ser poco comunes no son detectadas a tiempo.
A medida que iba escuchando al estudiante su rostro iba adoptando una expresión de tristeza y dolor, como si le doliera algo, pero pudo recobrarse rápidamente. “No voy a mostrarme vulnerable ante un alumno…” Pensó mientras se aclaraba la garganta mientras que el joven continuaba.
- Y… y se comunicó con el decano de la Universidad, ya que yo le había contado que usted suele ayudar a esa clase de estudios, además es muy bueno y tiene grandes conocimientos al respecto, se interesó en hablarle… ¿Tendría tiempo?- Finalizó el menor mirándole esperanzado.
Emilio le miró asombrado, nunca se imaginó que uno de sus alumnos pudiera hablar así de él con otro médico del extranjero. Así que dando un suspiro asintió.
- Está bien… ¿cuándo está disponible tu hermano?- Preguntó mirándole.
- Está afuera ahora mismo.- Contestó con una gran sonrisa.- Y créame que no se irá hasta no hablarle.
- ¡Está afuera!- Exclamó Emilio en voz baja, sorprendido por el poco tiempo del que disponía para una reunión de ese ámbito.- Está bien, dile que estaré libre en una hora, nos veremos en los jardines.
El chico se fue tranquilamente, no sin antes darle las gracias. Emilio tenía que terminar su ronda, aunque no dejó de pensar en ese misterioso hermano de su alumno, ya que este nunca había mencionado que tuviera parientes en el extranjero. Aunque bueno, si lo pensaba un poco ese muchacho en particular, a pesar de su carácter alegre y descuidado, nunca hablaba de su vida privada o familiar. Toda su vida fuera de la Universidad y del sus prácticas en el hospital era un verdadero enigma.
La hora pasó rápidamente y antes de que lo notara Emilio ya estaba caminando hacia los casilleros para dejar su bata blanca y tomar su chaqueta, pero al abrir la puerta de su casillero un montón de papeles mal apilados cayó quedando un tremendo desorden de papeles.
- Genial…- Refunfuñó mientras se agachaba y comenzaba a recoger los papeles.- Quien me manda a guardar tantos trabajos, formularios, diagnósticos y quien sabe que más…- seguía reclamando, muchos de esos papeles eran antiguos incluso algunos de su época de escuela.
Poco a poco todo fue quedando en un relativo orden, las hojas apiladas sobre una mesa cercana era su “escritorio auxiliar” por el momento. Dejó todo ahí, odiaba ser impuntual, sobre todo si era una primera impresión. Así que se calzo su chaqueta y dio media vuelta para salir, pero se detuvo al ver que algo se le había olvidado recoger.
Al tomarlo se dio cuenta de que era un viejo sobre que había creído perdido por años, estaba tan desgastado que la escritura de fuera ya se le había borrado, pero su mente no demoró mucho en reaccionar y reconocer el sobre que le entregaran cuando era aun un estudiante… era el sobre de Ricardo.
Emilio sintió como la tristeza le embargaba nuevamente mientras pasaba un dedo por el sobre con suavidad. Desde que Ricardo muriera, Emilio no había vuelto a salir con nadie y menos había entablado una relación amorosa. Simplemente se dedicó a sus estudios olvidándose de su vida personal.
Meditó unos momentos sobre que haría con ese sobre “Él me dijo que sabría cuando el momento llegara para abrirla, pero creí que había perdido este sobre…” Se dijo sin separar la mirada del sobre, “Pero ya no esperaré más, si he vuelto a encontrar lo he vuelto a encontrar es porque el momento ha llegado”.
Tomó asiento y con suavidad abrió el sobre sacando un montón de documentos, que al revisarlos eran una declaración jurada que había hecho Ricardo pensando que su madre podría causarle problemas a Emilio, pero había algo más…una carta.
“Emilio, de seguro que has dejado pasar tiempo antes de leer esto. Sólo espero que las cosas hayan mejorado y que mi madre no te moleste, si lo hace sólo presenta los documentos que están junto a esta carta a mi abogado cuyo número incluyo en esos documentos…
¿Sabes? Es extraño pensar que estoy escribiendo esto y cuando lo leas…bueno, ya no estaré aquí de la forma que me conocías. Pero quiero decirte que me alegro, si, me alegro. En poco tiempo me devolviste la vida y me enseñaste a amar aun cuando creía que solamente podía odiar a todo a mi alrededor. Quiero que sepas que te amo y que te seguiré amando con cada latido de mi corazón.
También quiero pedirte un favor. No te cierres, no cierres tu corazón. ¡Vive! Por ti y por mi.
No sé si eres creyente en estas cosas del destino. Pero nos volveremos a ver, dejamos demasiadas cosas pendientes que debemos terminar.
Te Ama… Ricardo”
Cuando Emilio terminó de leer no pudo hacer nada más que mirar hacia la ventana y, por primera vez desde la muerte de Ricardo, no estaba llorando. Aunque la nostalgia volvía a cernirse sobre él. Dio un suspiro y consultó su reloj sólo para pararse de un brinco.
- ¡Por dios, es tardísimo!- Exclamó guardando la carta en su bolsillo y el resto de los documentos en su casillero.- Ya me he retrasado una hora… que médico tan poco profesional…
Se regañó saliendo apresuradamente en dirección a los jardines.
Recorrió gran parte de los extensos jardines del hospital sin suerte alguno. Ya era tarde, los pacientes con autorización de pasear ya estaban dentro del recinto y las visitas ya se habían retirado, así que los jardines estaban completamente desiertos.
- Me demoré mucho…- Murmuró en un suspiro cansado.- De seguro se aburrieron de esperarme.
Negó con la cabeza metiendo sus manos en los bolsillos de su chaqueta dando media vuelta sin darse cuenta de la silueta que le observaba desde una de las bancas que quedaba parcialmente cubierta por unos arbustos.
- ¡Señor McGregor!- Se escuchó una voz la cual Emilio reconoció enseguida como la de su estudiante.
El chico caminaba hacia él con una sonrisa mirando, de vez en vez, sobre su hombro y sonriendo más ampliamente. Emilio sonrió algo aliviado al ver al muchacho acercándose unos pasos.
-Lamento la demora, salió un imprevisto…- Se disculpó sinceramente.- Pero me alegra que hayas tenido la paciencia de esperarme, me agradaría que le dieras a tu hermano mis más sinceras disculpas por hacerle perder el tiempo…
A medida que Emilio hablaba el chico comenzó a sonreír divertido hasta que el mayor guardó silencio algo extrañado por su comportamiento.
- No le veo la gracia, Daniel, sabes que siempre recalco en clases que la puntualidad es lo primordial para un médico…- Le regañó aunque el chico seguía sonriendo.- Unos minutos tarde puede significar la muerte de un paciente…
- Eso sueña muy profesional, Doctor McGregor…- Una segunda voz apareció, una voz grave, aterciopelada y familiar que hizo que Emilio se le erizaran los bellos de la nuca.- pero tampoco hay que ser tan severos, no estamos tratando con pacientes.- La voz provenía desde ese banco oculto donde ahora se podía distinguir la silueta de un hombre que se ponía de pie.
Lentamente Emilio miró a Daniel y supo el porque de esa sonrisa divertida. Su hermano nunca se había ido, de hecho había estado todo este tiempo observando y escuchando la pequeña charla entre profesor y alumno. La misteriosa silueta comenzó a caminar de forma lenta y pausada como queriendo alargar ese alo de misterio que se había formado.
- Le dije que no se iría hasta hablar con usted.- Murmuró Daniel mirando sonriente a su hermano y a Emilio de forma alternada.- Doctor Emilio McGregor, le presento a mi Hermano mayor Richard.
“¡Ricardo!” Fue el nombre que se le vino a la mente al ver a ese hombre caminar hacia ellos. Emilio dio unos pasos hacia atrás hasta que sus piernas toparon con una banca cercana y allí tomó asiento.
“¡Por dios que es esto!…ese sujeto es idéntico a Ricardo…” Su mente estaba completamente en shock y se reflejaba en su semblante que había palidecido. Richard era de la misma estatura y complexión física que el fallecido Ricardo, pero con los rasgos de un hombre de Europa. Cabellos de un color castaño claro, sus ojos de mirada afilada eran de un azul claro que parecían refulgir con luz propia y su piel era blanca y lucía tersa y lisa. Pero en la mente de Emilio no veía estos detalles obvios, si no que, veía a Ricardo.
-¿Está bien?- Preguntó Daniel arrodillándose a su lado al ver que su profesor palidecía de esa forma como si fuera a desmayarse.- ¿Señor McGregor? – Volvió a preguntar, pero esta vez levantó la vista para mirar a su hermano que ya estaba a su lado.
Emilio posó una mano en el hombro del muchacho y asintió.
- Te he dicho que no te alteres de esa forma…- Dijo Emilio con una sonrisa algo cansina.- Fue sólo un leve mareo…tiene que ser que estoy cansado, hoy he hecho doble turno sin descanso…
Mintió como una forma de disfrazar su asombro ante el hermano de Daniel. Este simplemente le miró alzando una ceja y se acercó.
- Pues…déjeme decirle que para ser médico es bastante irresponsable…- Bromeó el hermano mayor de Daniel estirando la mano hacia Emilio.- Mucho gusto, soy Richard y he esperado esta oportunidad de conocerle por largo tiempo.
Emilio estrechó la mano que le ofrecían volviendo a mirar al otro sin poder de salir de su asombro, le parecía cruelmente insólito el increíble parecido con Ricardo, sin contar la coincidencia del nombre.
- El gusto es mío…- Murmuró sonriendo algo nervioso.
- ¿Seguro que está bien?- Preguntó Daniel poniéndose de pie.
- Si…hazme un favor… ¿Puedes ir a la cafetería y traerme un café bien negro?- Le dijo al menor sonriéndole.- Necesito algo para despertar.
- Claro… ya vuelvo.- Contestó Daniel desapareciendo casi de inmediato.
Una vez solos, un pesado silencio los envolvió junto con el atardecer que comenzaba a sumir los jardines en la penumbra. Una suave brisa jugueteó con la chaqueta de Richard mientras este no separaba su mirada del pálido rostro de Emilio.
- Ahora que el chico se fue, ¿me dirás que fue lo que te ocurrió?- Volvió a preguntar con una seriedad que a Emilio se le hacía demasiado conocida.
- Te pareces mucho a…- Una triste sonrisa asomó a sus labios interrumpiendo lo que casi se le escapa de los labios.- Un amigo.- Terminó negando con la cabeza sin levantar sus ojos del suelo.- El parecido es increíble…Si no les conociera y los viera juntos, juraría que son hermanos gemelos o, a lo menos, mellizos.
-Wow …¿en serio?- Preguntó sonriendo interesado en lo que Emilio relataba.- Es por eso que te sorprendiste tanto al verme.- Comentó tomando asiento a su lado.- Pero, ¿qué pasó?
La voz de Richard era tenue y suave, como aventurándose en un territorio delicado, como si caminara por hielo muy fino, que al menor movimiento indebido….se quebraría. Emilio por su parte, al escuchar ese tono de voz levantó la mirada sólo para encontrarse con los ojos de Richard, que le observaba con interés.
- Lo que pasó fue que…que…- Volvió a interrumpirse, su mente estaba hecha un yogurt al tratar de narrar lo ocurrido por primera vez.- Lo siento…- Contestó encogiéndose de hombros mientras sonreía contrariado.
- Tranquilo…podemos hablar otro día, si quieres…- Le ofreció con una gentil sonrisa, la cual hizo que un leve rubor subiera a las mejillas de Emilio.
- Gracias….pero no tienes que molestarte.- Contestó con una sonrisa rechazando amablemente.
- No es molestia.- Contestó casi de inmediato.- He viajado medio planeta para conocerte y no esperarás que me conforme con un solo encuentro, ¿o si?
Estas palabras hicieron que Emilio le mirara con una sonrisa media sorprendida y media divertida. Sinceramente no se esperaba una reacción así por parte de Richard y tenía que reconocer que, aunque se pareciera a Ricardo. Richard tenía algo más, además de la apariencia física, era su perseverancia y una calidez que casi había olvidado. Ante esto le volvió a sonreír.
- Está bien, si quieres puedes venir mañana y acompañarme en mi ronda de la tarde, así podremos hablar de las teorías que querías discutir sobre…
- Las teorías pueden esperar…- Le interrumpió mientras se ponía de pie.- Antes de conocer formalmente al Doctor McGregor, quiero conocer a Emilio el hombre fuera del hospital y de la bata blanca.- Contestó con una franqueza que turbó a Emilio.
Emilio también se puso de pie sin saber muy bien como o qué contestarle, no le gustaba que le impusieran las cosas o que le dijeran que hacer, pero debía reconocer que quería conocer a este Richard.
- Mañana…podríamos almorzar…- Dijo de repente dando un suspiro como si tuviera frío, pero la verdad es que estaba extrañamente nervioso y Richard se dio cuenta de esto y sonrió.- Mañana termino temprano…podría mostrarte la ciudad…si quieres.- Terminó comenzando a caminar hacia el edificio dejando a un sonriente Richard atrás.
- Me parece una idea fantástica…- Murmuró sin perderle de vista.- ¡Te recojo a las dos!- Alzó la voz para que Emilio le escuchara.
A la mañana siguiente, mientras Emilio hacía sus rondas de rutina, no cesaba de mirar su reloj. Jamás le había parecido que el tiempo pasara tan lento…hasta ahora. “¿Qué me pasa?…Estoy tan ansioso que ni siquiera pude desayunar como es debido…” Pensaba mientras caminaba distraídamente por uno de los corredores. “Creo que me estoy volviendo idiota con los años” Se dijo a si mismo riendo con suavidad.
- Será mejor que me concentre en mi trabajo…ya tendré tiempo de analizar lo que pasa…- Murmuró para si entrando a su consulta.
Pero a la larga Emilio sabia que no le sería posible concentrarse más de lo necesario. Alcanzó a terminar justo para su pausa del almuerzo, pausa que siempre se saltaba, pero esta vez salio puntual de su turno causando que las enfermeras que le conocían se quedaran extrañadas por su apresurado “Adios”.
Y, como si se hubieran puesto de acuerdo, al mismo tiempo que Emilio salía por la puerta del hospital un elegante automóvil entraba hacia la salida de las ambulancias deteniéndose un momento. El joven médico quedó mirando el vehículo con admiración, era un Mustang de elegantes líneas de un color gris oscuro, pero a la luz del sol reflejaba ciertos toques plateados. El cristal de la ventana del pasajero comenzó a bajar con un suave zumbido y inclinado sobre el asiento y tras unas gafas de sol estaba Richard mirándole con una gran sonrisa.
- No te quedes ahí pasmado mirando el auto…- Bromeó.- Si no te subes me van a multar por obstruir la salida de las ambulancias.
La voz del otro hizo parpadear a Emilio el cual enrojeció levemente, pero de todas formas sonrió a Richard.
- No me he quedado pasmado.- Reclamó entrando al auto y acomodándose en los mullidos asientos de cuero.- Pero sé reconocer el buen gusto cuando lo veo.
- Gracias…- Agregó Richard acomodándose las gafas.
Así fue como Emilio comenzó a salir con este curioso hombre llegado del extranjero. Poco a poco fueron descubriendo que se estaban interesando más allá de una simple amistad. Pero ninguno de los dos era capas de decir nada, aunque los largos silencios que los rodeaban cada vez que cruzaban una mirada eran lo suficientemente claro para cualquiera que les mirara al pasar.
Fue en una tarde lluviosa y como siempre Richard había pasado a buscar a su amigo al hospital, decidieron dar un paseo en el cálido interior del vehículo por la costa. La mayor parte del tiempo el silencio se sentó entre ellos que sólo se dedicaban a admirar al furioso mar que, en ocasiones azotaba la costa lanzando una lluvia salada que llegaba hasta la calle. Hablaron, si, pero sólo de cosas sin importancia y por un corto periodo antes de sumirse nuevamente en el silencio.
-Hoy estás más callado que de costumbre.- Preguntó Richard con una suave y aterciopelada voz.
-A de ser la lluvia.- Contestó dando un suspiro acomodándose un poco más en su asiento.- Las tormentas así siempre me dan un sentimiento de solemnidad que simplemente me deja sin palabras.- Agregó cerrando los ojos sin percatarse de que Richard no le había quitado los ojos de encima desde que comenzara a hablar.
El vehículo se estacionó quedando en una especie de mirador, la pequeña meseta tenía los bordes de roca y a unos tres metros más abajo en mar rugía con toda su furia. En la carretera donde estaban no pasaba ni un alma. Estaban completamente solos. La lluvia golpeaba el techo del vehículo y los truenos no se hicieron esperar haciendo que Emilio sonriera. Richard, aun con sus ojos fijos en el otro se fue acercando lentamente casi sin hacer ruido hasta que unió sus labios a los de Emilio con suavidad.
En el momento que sintió esos cálidos labios sobre los suyos abrió sus ojos rápidamente mirándole…o más bien, perdiéndose en sus ojos, pero no dijo nada ni hizo el intento de alejarlo de si. Cuando el otro se alejó, volviéndose a sentar en su lugar Emilio se enderezó en su asiento mirándole confundido.
- ¿Y eso a que vino?- Preguntó seriamente mirando hacia el frente en el momento justo en que una ola golpeaba las rocas frente al vehículo bañando a este de espuma blanca.
- Me gustas…- Contestó este sin titubeo alguno o duda en su voz. Ante tal franqueza Emilio se sintió abrumado sin saber si enfadarse o no.- No había querido decírtelo antes…pero ahora estoy cien por ciento seguro de mis sentimientos, porque sé que tu también sientes algo por mi.
Estas palabras hicieron que Emilio le mirara completamente sonrojado, sin encontrar palabras para argumentar alguna excusa. Richard había dado en el clavo sin errar su golpe. Y el silencio del otro confirmaban sus palabras.
- No busco nada…Sólo que estés a mi lado, si no quieres comenzar algo conmigo…- Comenzó a hablar tomando suavemente la mano de Emilio entre las suyas.- Lo entiendo y estará bien, mientras no te alejes de mi.
Emilio aun no podía decir palabra alguna. Toda esta confesión le había tomado tan desprevenido que se sentía nervioso que su cabeza y su corazón estaban como el mismo mar que tenían frente a si. Richard al ver que el otro no decía nada, volvió a acercarse pasando un brazo por sus hombros y abrazarle besando su sien.
- Está bien….olvida lo que dije.- Susurró finalmente interpretando el silencio de Emilio como una negativa soltándole lentamente, pero la mano del otro le detuvo al tomarle de la manga de su camisa.
-Espera…- Susurró mirándole con tristeza, pero con una esperanza brillando tras ese velo de miedo e incertidumbre.- No he dicho nada… No dicho que no…- Agregó dando un suspiro.
En el rostro de Richard se dibujó instantáneamente una sonrisa que turbó a Emilio el cual desvió la mirada. No dijeron más, simplemente se unieron en un dulce y cálido beso el cual fue capaz de derretir el grueso hielo que una vez se formó en el corazón de Emilio. Cuando se separaron…ambos sonreían.
- ¿Qué quieres hacer ahora, Emilio?- Preguntó mientras encendía el motor del vehículo.
- Siempre me ha gustado comer helado cuando llueve.- Admitió encogiéndose de hombros con una sonrisa completamente libre.
Richard rió ante esa curiosa petición, pero no iba a decirle que no, ¿verdad?. Así que se dirigió nuevamente hasta la ciudad deteniéndose en una heladería que, con ese clima, estaba completamente vacía.
- Por lo menos no hay que hacer fila.- Bromeó Richard bajando del automóvil.
Emilio sentía como su corazón latía con fuerza, pero sin causarle dolor alguno como ya le era costumbre. ¿Sería, tal vez, algún mensaje? Bajó tras el otro entrando apresuradamente en la tienda y adelantándose hasta el mesón mirando a Richard con esa sonrisa que le hacía parecer, nuevamente, un estudiante de universidad.
-¿Quieres tu helado de Pistacho, verdad?- Preguntó, aunque más había sonado como una confirmación a una pregunta. A lo cual Richard sonrió agradablemente sorprendido.
- ¿Cómo supiste que iba a pedir de Pistacho?-Preguntó sin ser capaz de reprimir su curiosidad.- De hecho es mi sabor preferido.
Emilio sólo se encogió de hombros sonriendo.
- Sólo fue una corazonada…
Fue su respuesta.
Fin…
















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aaaaa
ke madre tan mala tiene ezte ricardo i penzar ke ia lo dio por muerto pobre pobre…
arpia mouztro ezo i maz ze mereze eza vieja jij de zu…
mui bien kreo ke m duele mi garganta… eztoi apunto de iorar a marez
a ke mono kreo ke voi a iorar
¡bien ezho! ¡zigue azi m enkanto!
qe hermoso relato, aunqe fue predecible desde los primeros capitulos, la manera en qe fue narrado me provoco derramar las mas gruesas lagrimas, hasta ahora este fafic es de los mejores qe he leido, me gustaria leer mas de tus trabajos, gracias por esta historia
La amé, dios mío, la amé. Es primera vez que un relato me hace aguar los ojos. Te felicito, está excelente.
Quizás se puede mejorar un poco mas la redaccion de los primeros capitulos, pero desde mas o menos la mitad en adelante está perfecta…
Amé como maduró en cierto sentido Emilio y el regreso de Ricardo como Richard. Este chico tenía que tener algo diferente, algo por lo que Emilio le quisies tal cual es, y no solo por el recuerdo de Ricardo. Realmente supiste narrar esta historia y me alegro mucho de haberla encontrado, pues francamente, ni siquiera conocía esta página hasta hace 3 horas.
Continúa, de verdad es un muy buen escrito. Conservalo bien y ve qué hacer con él, de verdad considero que vale la pena
Cuídate mucho.
Karoline VxC