Terminal

4 mayo, 2010 por  
en la categoría Fanfics, Originales

8º Estación: “Un encuentro especial”

Cuando Emilio despertó, la primera cosa que se le vino a la mente era que había muerto. Sus ojos no veían nada más que un blanco manto, pero poco a poco su vista se fue adecuando a la luz y paulatinamente fue distinguiendo los diferentes objetos que había en la habitación donde se encontraba, desde las más cercanas hasta las ventanas que mostraban un cielo gris que amenazaba con tormenta.

Trató de sentarse, pero nuevamente un fuerte dolor en el pecho le hizo soltar un quejido y seguido de esto sintió que le tomaban de los hombros y volvían a recostarlo.

- No te muevas, has estado inconciente una semana y la operación fue complicada, debes descansar.

“¡Operación! ¡Qué operación!…!” gritaba su mente, pero su cuerpo estaba tan adormecido que no lograba articular palabras y sólo un confuso balbuceo salió de sus labios. Sintió como la angustia apretaba despiadadamente su garganta, no sabía donde estaba, que le habían hecho, a que operación se refería la persona que le hablaba y a la cual no había podido ver aun.

- Pero que imprudente eres muchacho, ni siquiera en tu condición puedes obeceder…- Esa voz grave y rasposa le tranquilizó al instante haciéndole quedarse quieto, aunque sin hacerle sentir mejor.

El doctor y tutor de Emilio entró con paso cansino y unas tremendas ojeras bajo sus ojos por los días sin dormir. Había sido él quien había operado a Emilio y preocupado por el muchacho no había dormido en días, velándole.

Caminó hacia la cama y sentándose a su lado, tomo la pálida mano de Emilio quitándose las gafas con su mano libre, le miró y suspiró.
- Hijo, tuviste un ataque cardiaco…- Comenzó a explicar mientras venía como la sorpresa iba asomando a los ojos del muchacho.- Tranquilo ya estas fuera de peligro…gracias a Dios alguien llamó a urgencias y pudimos traerte a tiempo, pero tu corazón estaba muy dañado y tuvimos que conectarte a una máquina para mantenerte vivo por unas horas.

Emilio le miraba aun sin comprender, si su corazón estaba tan dañado, ¿cómo era que estaba vivo? El doctor leyó claramente esa pregunta en los ojos de su querido pupilo y con un triste suspiro agregó.

- En el momento en que te conectábamos hubo otra urgencia en el hospital, pero lamentablemente falleció, el corazón de esa persona era compatible con tu sistema así que no dudé en operarte y al parecer, después de una semana de un profundo coma has salido airoso de la parte más difícil de un transplante… la asimilación del órgano extraño.

Toda esta información le pareció vertiginosamente confusa al pobre muchacho, pero al final sólo comprendió que ahora estaba bien y que tenía un corazón nuevo. Ya podría vivir como una persona normal sin las preocupaciones de su enfermedad.

- ¿Qui…én…fue…el…do…nán…te?- Preguntó en un murmullo agotado.

La condición de Emilio era aun delicada y el doctor lo sabía, pero tampoco podía ocultarle la verdad de este milagroso donante y su justa llegada en el momento en que Emilio lo necesitaba, pero aun así no era capaz de decirle, podría causarle un gran daño a su recuperación, así que decidió guardar silencio.

Este silencio hizo que el nuevo corazón del muchacho diera un doloroso brinco y comenzara a latir con fuerza y una tremenda tristeza le embargó, no sabía a ciencia cierta si sus sospechas eran verdaderas, pero el silencio evidente del médico y el intenso dolor en su corazón le indicaban que así era.

- Tienes que calmarte hijo… aun no estas del todo bien…- Trató de tranquilizarlo al ver que unas gruesas lágrimas caían por las mejillas del chico.- Descansa… prometo que cuando te encuentres mejor te contaré con todo detalle todo lo que pasó y como fue que llegamos a esto.

Le dijo el doctor casi en tono paternal mientras le colocaba unos medicamentos en la botella del suero, a los pocos minutos Emilio se comenzó a sentir más y más somnoliento hasta que cayó en un profundo sueño.

Emilio caminaba por los senderos que descubriera junto a su novio ese mismo verano, cuando salían a pasear por los bellos jardines que circundaban el hospital, sólo que esta vez era de noche y estaba solo. La brisa fresca de la noche helaba sus blancas piernas que asomaban desnudas por debajo de la incómoda bata de hospital que se ataba a un costado.

El muchacho siguió caminando casi sin darse cuenta hasta llegar cerca al lugar donde se habían declarado su amor, nuevamente la tristeza hizo presa del muchacho quien no dudó en acercarse a ese lugar, pero para su sorpresa todo el claro estaba iluminado. Este detalle llamó poderosamente la atención a Emilio ya que no recordaba haber visto iluminarias por esos lugares. Entró al claro con paso decidido creyendo que había descubierto a algunos chiquillos jugueteando de noche (que no sería la primera vez que descubre a jóvenes pareja “acampando” en esos espesos jardines). Pero al quedar expuesto a la luz esta lo cegó de inmediato haciendo que se llevara las manos a los ojos en un gesto instintivo de protegerlos.

Sólo cuando estuvo con los ojos cerrados se dio cuenta de un detalle. Todo era silencio. No habían los habituales ruidos nocturnos, no había grillos, ni los ruidos que hacen los roedores al corretear entre la hierba. Estaba atento a este inquietante silencio cuando sintió que unas suaves manos tomaban las suyas y las apartaban de sus ojos con delicadeza, una vez sus ojos libres de sus manos los abrió lentamente para acostumbrarse a la luz reinante, pero lo que vieron sus ojos lo dejó tan sorprendido que sintió que se desmayaría.

Frente a él y ataviado con un hermoso traje azul claro que le hizo recordar los atuendos hindúes por los bellos detalles dorados, estaba Ricardo mirándole con una amplia sonrisa en sus labios. Al ver que Emilio tan impresionado se acercó tomándolo firmemente por la cintura para que no cayera.

- Vamos Emi… no te desmayes ahora.- Susurró besando sus cabellos. La voz de Ricardo era extrañamente tranquilizadora, era como si millones de susurros formaran su voz desde todas las direcciones al mismo tiempo, como si su voz llenara todo.

-… Tu…- Susurró Emilio en un triste sollozo que hizo que los ojos de Ricardo adoptaran la misma expresión.-… ¡¡Eres un idiota!!

Gritó el muchacho aferrándose al pecho de Ricardo y llorando amargamente. Ricardo no estaba muy seguro de a que se debía esto. Era cierto que había muerto, pero iba a morir de todas formas, además había logrado que Emilio tuviera lo que más deseaba, que era un nuevo corazón con el cual seguir con una vida tranquila y normal.

- No, no soy un idiota y tu lo sabes…- Le susurró en respuesta acariciando sus cabellos con delicadeza.

-¡Si lo eres!- Contestó apretando aun más sus puños que habían aprisionado las celestes ropas de Ricardo.- ¡Me dejaste sólo!… ¡Y lo peor, me dejaste la posibilidad de seguir viviendo, pero no quiero…no sin ti!

Emilio no dejaba de llorar y sin duda sus palabras no le hicieron gracia a Ricardo quien mudó de expresión tomando la seriedad que tuviera cuando se conocieron.

- ¿Te das cuenta de las estupideces que hablas?… Ahora ¿quién se comporta como un idiota?- Preguntó en tono severo que hizo que Emilio levantara la cabeza de inmediato y le mirara.- Yo iba a morir de todas formas mi cuerpo estaba exhausto, pero tu… tu cuerpo aun es joven y no tiene tanto daño… sólo le hacía falta un nuevo motor para continuar y ese fue el regalo que quise darte antes de irme… mi mayor deseo es que tu continúes…- Al ver que Emilio había dejado de llorar sonrió.- Siéntete orgulloso, literalmente te di mi corazón.
Dijo riendo con suavidad haciendo sonreír levemente al muchacho que aun sostenía entre sus brazos, el cual le dio un leve golpe en el pecho a modo de protesta.

- Idiota…- Reclamó.

- Siempre estaré a tu lado y tu vivirás por mi, ya que por cada latido, por cada aliento mantendrás vivo una parte de mi… no me olvides…

La voz de Ricardo pareció volverse más etérea haciendo que Emilio se aferrara con más firmeza de sus ropas.

- ¡No! ¡No te vayas!- Le rogó con voz quebrada.

- No me puedo quedar… mi partida fue tan repentina que no pude despedirme de lo que mas amaba en este mundo y ahora ya lo he hecho…- Le sonrió de forma tierna antes de depositar un suave beso en los labios de Emilio y desaparecer entre una cegadora luz.

Cuando Emilio pudo abrir los ojos estaba nuevamente en la cama del hospital, volvió a sentir su cuerpo pesado y dolorido. Movió su cabeza para mirar a su alrededor y descubrió que estaba sólo.

- Ricardo…- Susurró sintiendo como el llanto amenazaba con volver, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando se dio cuenta de que algo muy suave estaba enredado entre sus dedos. Lentamente alzó la mano y sus ojos se agrandaron con la sorpresa, entre sus dedos tenía una fina pañoleta de color celeste claro con bellos adornos dorados.-… no fue un sueño…- Susurró sorprendido y lentamente una sonrisa comenzó a iluminar su pálido rostro.- En verdad viniste a despedirte…- Volvió a susurrar llevando la pañoleta a su rostro sintiendo su suave textura y el aroma del perfume de Ricardo impregnado en el.

Se quedó así largo rato, con la prenda en su rostro llorando quedamente.
El doctor entró como un remolino a la habitación seguido por las enfermeras con cara de preocupación.

- Emilio, ¿cómo te sientes, te duele algo, te sientes mareado?- Todas estas preguntas y lo alterado que se veía el doctor hicieron reír a Emilio quien siempre había visto al doctor reaccionar de forma seria y fría.

- Em… si, me siento bien…aunque con algo de dolor en el pecho, pero creo que puede ser por la operación…pero aparte de eso estoy bien.- Le dijo con una casi dulce sonrisa, dejando a todos algo sorprendidos.

-¿Estas seguro?… desde la última vez que abriste los ojos ha pasado una semana y tuviste dos episodios de rechazo de tu nuevo corazón, el cual dejó de funcionar, pero que milagrosamente reanudó su trabajo al poco tiempo…y digo “milagroso” porque aun no nos explicamos como pasó algo así…hijo, tras estos episodios nadie sobrevive…

Tras la explicación del doctor Emilio sólo sonrió, ¿Acaso su corazón había dejado de latir cuando, en su encuentro con Ricardo, había dicho que no quería vivir más?, puede ser, pensó el chico.

- Pero no pasó, estoy vivo porque tengo que vivir por ambos…- Murmuró mirando hacia la ventana.

El doctor le miró con desconcierto, no entendía a que se refería, pero decidió creer que era causa del delirio de una operación de esa magnitud.

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Comentarios

26 comentarios en “Terminal”
  1. jessi dice:

    aaaaa :buu: ke madre tan mala tiene ezte ricardo i penzar ke ia lo dio por muerto pobre pobre… :llorar:

  2. jessi dice:

    arpia mouztro ezo i maz ze mereze eza vieja jij de zu… :grr: :paff:

  3. jessi dice:

    mui bien kreo ke m duele mi garganta… eztoi apunto de iorar a marez :llorar:

  4. jessi dice:

    a ke mono kreo ke voi a iorar :llorar: ¡bien ezho! ¡zigue azi m enkanto! :besos: :esoeso: :gracias:

  5. panchitta dice:

    qe hermoso relato, aunqe fue predecible desde los primeros capitulos, la manera en qe fue narrado me provoco derramar las mas gruesas lagrimas, hasta ahora este fafic es de los mejores qe he leido, me gustaria leer mas de tus trabajos, gracias por esta historia

  6. Karoline VxC dice:

    La amé, dios mío, la amé. Es primera vez que un relato me hace aguar los ojos. Te felicito, está excelente.
    Quizás se puede mejorar un poco mas la redaccion de los primeros capitulos, pero desde mas o menos la mitad en adelante está perfecta…
    Amé como maduró en cierto sentido Emilio y el regreso de Ricardo como Richard. Este chico tenía que tener algo diferente, algo por lo que Emilio le quisies tal cual es, y no solo por el recuerdo de Ricardo. Realmente supiste narrar esta historia y me alegro mucho de haberla encontrado, pues francamente, ni siquiera conocía esta página hasta hace 3 horas.
    Continúa, de verdad es un muy buen escrito. Conservalo bien y ve qué hacer con él, de verdad considero que vale la pena

    Cuídate mucho.

    Karoline VxC


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