Terminal

4 mayo, 2010 por  
en la categoría Fanfics, Originales

7º Estación: “¿Una fría charla de negocios?”

Desde ese día, Emilio llevó todas las tardes helado de pistacho para Ricardo. Este parecía cada día más débil y con menos ánimo, ya no salían a sus caminatas a medio día sólo se la pasaba en cama durmiendo la mayor parte del tiempo.

Emilio había hablado con el doctor sobre la situación de Ricardo, pero este sólo lo había dejado con una enorme angustia e impotencia.

“- No insistas con esas preguntas muchacho, tu ya sabías que esto iba a pasar.- Le había dicho el médico mientras revisaba y tomaba apuntes de otros pacientes.

- ¡Pero…tiene que haber algo!- Exclamó de repente golpeando el escritorio haciendo que el doctor dejara un rayón sobre sus apuntes.- ¡Deben de haber nuevos tratamientos o alguna medicina!

Pero el doctor no dijo nada al respecto, sólo le miró. Si bien estaba algo molesto por lo del rayón en sus informes, su mirada reflejaba cierta compasión hacia el muchacho que estaba frente a él.

-Emilio…- Murmuró quitándose las gafas, rodeando el escritorio y sentándose junto a él.- La evolución de esta enfermedad es así, tu lo sabes, porque lo has estudiado, pero es la primera vez que vez el proceso en marcha y sobre todo en alguien tan cercano a ti.- Pasó un brazo por el hombro de Emilio en un gesto casi paternal de consuelo al desolado chico.- Pero no hay más que hacer contra la enfermedad…lo que si se puede hacer es hacerle sentir bien en estos días, has sido el único que ha sido capaz de entablar una “amistad” tan cercana con un paciente tan difícil… hazlo feliz, no dejes que te vea tan angustiado, si se da cuenta se sentirá de la misma forma…”

Esa breve conversación aun estaba en la cabeza de Emilio cuando llegó a la habitación 801. “¿Hacerlo feliz estos días?…. ¡¿querrá decir que le quedan sólo unos días?!” El corazón de Emilio dio un doloroso brinco haciéndole doler el pecho y que sus ojos se llenaran de lágrimas ante esa idea. Y debía aceptarlo, era su culpa por enamorarse de un enfermo terminal al cual no le queda mucho tiempo de vida, además era evidente de que Ricardo no resistiría mucho más, su condición se estaba deteriorando a pasos agigantados y ambos lo sabían… pronto Ricardo descansaría de tanto sufrimiento y para Emilio comenzaría el doloroso retorno a la soledad.

-¿Ricardo? – Susurró abriendo suavemente la puerta, más no hubo respuesta.

Ante ese silencio se acercó a la cama viéndole tendido con el rostro demacrado y delgado. Su hígado y riñones ya no funcionaban lo que hacía que su piel tomara un tono amarillento enfermizo como si sufriera de hepatitis. Emilio se quedó en silencio solamente contemplando su rostro, escuchando su quejumbrosa respiración hasta que un pequeño sollozo quebró el silencio. Emilio se vio obligado a salir de la habitación antes de despertar a Ricardo con su llanto.

“¡Por dios, porqué tiene que pasar esto! ¿Acaso no es suficiente con su enfermedad?… ¿Porqué hiciste que se enamorara?…hubiera sido más fácil si me hubiera rechazado y hubiera roto el corazón que ya casi se cae a pedazos en mi pecho…” Pensaba mientras apretaba el paso por los silenciosos pasillos del hospital, necesitaba un poco de aire fresco para despejarse.

Las enfermeras vieron pasar al lloroso Emilio, pero no dijeron nada. El muchacho salió rápidamente por la puerta principal del hospital con la vista tan velada por las lagrimas que no vio el lujoso automóvil que estaba aparcado en la entrada, como tampoco vio a la elegante señora que estaba en su camino y que, inevitablemente chocó.

- D…disculpe…- Se apresuró a balbucear sin siquiera mirarle, pero un fuerte apretón en el brazo le hizo levantar la vista sintiéndose morir en ese instante al ver a quien había chocado.

-Tu debes ser “Ese” que ha estado viendo a mi hijo…- Siseó despiadadamente la madre de Ricardo haciendo que sus dedos, como frías garras, se cerraran fuertemente en el brazo del muchacho.-…Vamos a hablar…

Gruñó arrastrando a Emilio hasta el vehículo y obligándolo a entrar. Desde el hospital nadie vio lo ocurrido, nadie escuchó el lujoso vehículo alejarse presuroso por la calzada hasta la carretera. En la silenciosa habitación del hospital ya caía la tarde.

-Emilio…

Un quejumbroso murmullo en la habitación 801 fue lo único sonido que rompió el silencio.

El vehículo avanzaba a gran velocidad por las avenidas de la ciudad, pero Emilio apenas notaba el movimiento. No podía apartar sus ojos de la elegante y fría dama que le había abordado de esa forma a la salida del hospital. “No puedo creer que sea su madre” pensaba asombrado ante la fría belleza de la mujer, “Aunque si tienen cierto parecido, sobre todo en el frío aire que toma cuando algo no le agrada…”

- Quiero que firmes esto.- Dijo de pronto la señora alargando su delgado brazo y ofreciéndole un sobre el cual sujetaba con sus largos dedos con unas uñas finamente cuidadas, pero demasiado largas para el gusto de Emilio. Le hacían recordar a las garras de un buitre.

- ¿Qué contiene ese sobre?- Preguntó el muchacho con un hilo de voz, tenía que reconocerlo, estaba intimidado por la madre de Ricardo.

- Es una declaración jurada donde renuncias a todos los beneficios que Ricardo, mi hijo mayor te ha dado.- La señora tenía una voz completamente ácida y paresia escupir las palabras, sobre todo cuando se refirió a Ricardo.

- ¿Beneficios?…- Preguntó completamente desconcertado mirándola directamente a los ojos.

La madre de Ricardo al darse cuenta de que el muchacho no tenía ni la más mínima idea de lo que había hecho Ricardo simplemente sonrió. Sonrisa que hizo que un desagradable escalofrío recorriera toda la espalda de Emilio.

- Si querido niño.- Continuó la señora cambiando drásticamente su comportamiento hacia Emilio, ahora se mostraba suave y dulce.- Mi querido hijo me dio un documento firmado por el mismo donde expresa sus deseos de que, cuando el muera, ciertos “Objetos” se te sean entregados, pero…

Dio un suspiro, como si estuviera terriblemente agobiada. Se inclinó un poco hasta poder tomar la mano de Emilio. Este sintió la suave, tersa y fría piel de la mano que envolvía la suya como si fuera una serpiente a punto de estrangular a su inocente víctima, el muchacho retiró su mano con la misma suavidad con la que ella se la había tomado.

- Pero esos objetos son de la familia.- Continuó.- Comprenderás que en familias como la nuestra, de tanta historia, los objetos son hereditarios y por derecho le corresponden al hermano menor de Ricardo.

La madre veía como sus mentiras parecían envolver a Emilio, el cual asentía de vez en vez como queriendo decir que le comprendía, pero sin embargo se había mantenido lejos de ese sobre.

- Pero señora…- Respondió Emilio respirando hondo y sonriéndole muy a su pesar.- Si Ricardo me hubiera querido regalar algo, lo habría hecho en persona y no por medio de un documento judicial al menos que temiera la intervención de alguien en especial.

Toda la aparente dulzura de la madre de Ricardo se desvaneció ante esa respuesta, el muchacho no era tan tonto como creía. El rostro de la madre de Ricardo fue ensombreciéndose y tomando un ligero sonrojo ante las palabras del muchacho, que al parecer, habían dado en el clavo.

-Firma o haré que no vuelvas a ver a Ricardo en lo que le resta de vida…- Gruñó la señora inclinándose levemente, pero amenazante.

Emilio no pudo evitar sorprenderse ante esa actitud y sobre todo por las palabras de ella. ¿Acaso no era la madre de Ricardo? ¿Cómo podía hablar así de si propio hijo, como si este fuera un objeto a subastar? En verdad Emilio no entendía esta clase de conductas de parte de una madre, le parecían completamente irreales.

- No me intimidan sus amenazas…- Mintió, porque si estaba asustado por las palabras de esa señora, la cual se veía capaz de cumplir con sus amenazas.- No firmaré nada hasta no saber de que se trata todo esto.

Dijo resuelto y decidido, aunque tuviera miedo no iba a permitir que esa “señora” se saliera con la suya a costa de Ricardo. Ahora era cuando Emilio sentía que debía jugarse el todo por el todo por la persona que amaba y no daría pie atrás.

- No podrás conmigo, te puedo enviar a la cárcel por depravado.- Agregó en un suave y tétrico susurro mientras mostraba su blanca dentadura como una risueña hiena.-… No es difícil, en el estado que está mi hijo, hacerlo pasar por una persona demente a causa de su enfermedad y a ti…- Su sonrisa se ensanchó al ver que el rostro del muchacho palidecía levemente.-… a ti te puedo acusar de querer sacar provecho de la condición de mi hijo, abusando sexualmente de un pobre enfermo terminal medio conciente y tratando de convencerlo de que te deje como heredero de todo su dote.

Emilio no contestó, se limitó a mirar a ese… a ese monstruo. Porque, tras escuchar sus palabras, ya no encontraba ni pizca de humanidad en esa señora.

- Pero…. Eso no es cierto… no tiene nada que apoye su teoría.- Se defendió sabiendo que sus palabras eran para probar hasta donde era capaz de llegar.

- No tengo pruebas…- Repitió como si meditara al respecto, para luego volver a sonreír.-… no las tengo… aun.

Estas palabras volvieron a causar un gran efecto en el pobre chico y ella se deba cuenta por la palidez que iba predominando en el rostro de él. Y tomando ventaja de eso agregó.

- Sé que lo que hayan hecho Ricardo y tu ha sido de mutuo entendimiento, las enfermeras son una excelente fuente de información por un módico precio… y me han contado todo lo que ha pasado entre ustedes.- Soltó una risa fría que le erizó el cabello de la nuca a Emilio.- Además….si agrego unos dígitos más al cheque de las enfermeras puedo hacer que recuerden lo que yo desee, aun si nunca ha pasado.

Emilio se sentía tan perdido que sintió ganas de llorar, nunca pensó que el enamorarse de Ricardo fuera a causarle tanta desgracias a ambos. Sinceramente él no tenía idea de lo que esa señora hablaba, pero no quería firmar ese papel, pero por otro lado las amenazas de esta le atemorizaban tremendamente. ¿Y si en verdad tenía intenciones de cumplir con su amenaza y meterlo a la cárcel? Todo indicaba que si, ¿qué era lo correcto, lo mejor para ambos? Esa era la gran pregunta que rondaba la cabeza de Emilio, pero la respuesta llegó clara a su mente.

- No me interesa si me pudro en la cárcel…no firmaré, no me importa cuantas amenazas haga no firmaré, por que lo amo y nada de lo que me diga o haga hará que deje de sentir esto por su hijo.- La voz de Emilio salió clara y decidida, con una determinación que hizo enrojecer a la arpía que Ricardo tenía como madre.

El vehículo se detuvo con violencia en medio de la carretera y a los pocos segundos después Emilio salía del automóvil con el semblante pálido y con la frente perlada de sudor. Vio al vehículo alejarse y perderse de vista antes de ser atravesado por un fuerte dolor en su pecho el cual sólo le dio tiempo para abrazarse a si mismo cayendo inconsciente al suelo.

Y en el lejano hospital, el una sala con un solo paciente famoso por su mal humor, las máquinas de improviso habían comenzado a emitir un pitido agudo y prolongado alertando a la central de enfermería que estaba a mitad del pasillo. Las enfermeras al recibir la alarma proveniente de las máquinas rápidamente llamaron por los altavoces.

- ¡Código rojo! ¡Código Rojo!… ¡Habitación 801!…

La voz llena de urgencia de la enfermera sonaba por todo el silencioso recinto mientras una unidad de reanimación, junto con el doctor de cabecera, corrían hacia la habitación de Ricardo cargando sus aparatos.

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Comentarios

26 comentarios en “Terminal”
  1. jessi dice:

    aaaaa :buu: ke madre tan mala tiene ezte ricardo i penzar ke ia lo dio por muerto pobre pobre… :llorar:

  2. jessi dice:

    arpia mouztro ezo i maz ze mereze eza vieja jij de zu… :grr: :paff:

  3. jessi dice:

    mui bien kreo ke m duele mi garganta… eztoi apunto de iorar a marez :llorar:

  4. jessi dice:

    a ke mono kreo ke voi a iorar :llorar: ¡bien ezho! ¡zigue azi m enkanto! :besos: :esoeso: :gracias:

  5. panchitta dice:

    qe hermoso relato, aunqe fue predecible desde los primeros capitulos, la manera en qe fue narrado me provoco derramar las mas gruesas lagrimas, hasta ahora este fafic es de los mejores qe he leido, me gustaria leer mas de tus trabajos, gracias por esta historia

  6. Karoline VxC dice:

    La amé, dios mío, la amé. Es primera vez que un relato me hace aguar los ojos. Te felicito, está excelente.
    Quizás se puede mejorar un poco mas la redaccion de los primeros capitulos, pero desde mas o menos la mitad en adelante está perfecta…
    Amé como maduró en cierto sentido Emilio y el regreso de Ricardo como Richard. Este chico tenía que tener algo diferente, algo por lo que Emilio le quisies tal cual es, y no solo por el recuerdo de Ricardo. Realmente supiste narrar esta historia y me alegro mucho de haberla encontrado, pues francamente, ni siquiera conocía esta página hasta hace 3 horas.
    Continúa, de verdad es un muy buen escrito. Conservalo bien y ve qué hacer con él, de verdad considero que vale la pena

    Cuídate mucho.

    Karoline VxC


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