Terminal

4 mayo, 2010 por  
en la categoría Fanfics, Originales

6º Estación: "Último deseo"

El tiempo había pasado rápido, casi no se dieron cuenta cuando ya una semana se había ido. Todo el personal del hospital estaba sorprendido por el cambio en el estado de ánimo de ese complicado paciente de la habitación 801, ahora sonreía mucho más a menudo y era más amable, todo gracias a la compañía del alumno del doctor quien lo iba a visitar a diario olvidándose por completo del trabajo que estaba haciendo en un inicio.

En esa semana Ricardo mostró una mejoría en su estado de ánimo y en el físico, tanto así que el doctor dio autorización para que Emilio pudiera sacar al paciente a recorrer los jardines  a mediodía, con la única condición de que fuera en una silla de ruedas. Esta condición no agradó mucho a Ricardo, pero con tal de poder salir de las frías paredes de su habitación y sentir la brisa fresca en su rostro aceptó.

Ricardo estaba tranquilo, ya que ya estaban en sus manos los resultados de los exámenes y sintió una gran alegría al saber que eran compatibles. También sabía que esta vitalidad que parecía una recuperación “Milagrosa” no era más que su última oportunidad… Su hígado había dejado de funcionar y ya no podía comer nada sin vomitar al poco rato. Pero nadie sabía, solamente el doctor y él mismo… Ya que, no hay que ser un reconocido médico para saber que estas muriendo sin remedio.

- Estás algo pensativo, ¿qué ocurre?- Preguntó Emilio mirándole algo curioso ante el repentino mutismo de su amigo.

-… Nada…- Murmuró sonriéndole suavemente mientras señalaba uno de los senderos del pequeño parque que rodeaba el hospital.- ¿Te parece que vayamos por allí?…así estaremos más tranquilos, además, quiero bajar de esta molesta silla aunque sea para sentarme en el pasto…quiero sentir la tierra bajo mi cuerpo y el pasto bajo mis manos…

-¿Estás seguro de que estás bien?- Volvió a preguntar algo inquieto por tanta poesía en sus palabras.- Hoy estás algo… mmm… como decirlo… nostálgico…

Comentó Emilio mientras tomaba el camino que le había señalado, poco a poco el sendero dio paso a una pequeña arboleda la cual  parecía abrazar el sendero formando un hermoso túnel color verde, el chico quedó maravillado ante la belleza de ese paseo, ya que, nunca se había tomado la molestia de recorrer los jardines. Siempre había estado tan enfocado en sus estudios y en la búsqueda de un transplante que no se había tomado el tiempo de mirar la belleza que rodeaba al hospital… hasta que Ricardo le hizo parar un momento y, tomando sus manos, le enseñó lo que era tranquilidad incluso en momentos en los que no hay salida.

- No te preocupes… sólo quiero que estemos tranquilos… necesito decirte algo importante.- Murmuró arrepintiéndose al instante de sus palabras. ¿Qué le diría? ¿Qué se iba a morir pronto? ¿Qué le había dejado su corazón envuelto en papel de regalo con una nota que dice “No abrir hasta navidad”?… Sacudió la cabeza, su mente ya comenzaba a ser cruel nuevamente, siempre se repetía una simple pregunta ¿Quién podría querer a alguien que va a morir?… es como adoptar un perro atropellado el cual agoniza y sabes que no durará más que una noche… con suerte.

- ¡¿Algo importante?!- Exclamó Emilio algo nervioso, sintió como un nudo se le formaba en el estómago y su corazón comenzaba a latir con fuerza. ¿Qué sería? ¿Acaso se había dado cuenta de sus sentimientos? “Demonios. Fui demasiado obvio, no debí  haberle prestado tanta atención de un momento a otro… pero… en todo caso ya lo hice, ya no me puedo arrepentir”. Pensó sonriendo algo sonrojado agradecido de estar guiando la silla de ruedas desde la espalda, así Ricardo no se percataría de sus mejillas sonrojadas.

- Si… algo importante, pero primero quiero que me guardes esto…-Comentó enseñándole un sobre sellado, Emilio lo tomó mirándole por ambos lados. No estaba dirigido a nadie y sólo tenía escrito una fecha.- Quiero que la guardes por mi y que, cuanto llegue el momento la abras, pero tienes que prometerme que no la abrirás antes, ¿está bien?

-Claro que puedo guardarlo, pero ¿qué es?….se siente que tiene muchos papeles en su interior.- Preguntó aun sin dejar de mirar el sobre.-…Bueno, lo prometo… los guardaré hasta que los necesites.- Aseguró con una inocencia en su voz que hizo sonreír a Ricardo, ya que, al parecer no había comprendido lo que ese sobre significaba, pero no se preocupó ya que confió en que llegado el momento lo comprendería.

Caminaron un buen trecho por ese sendero hasta que el edificio del hospital dejó de ser visible y también notaron que el sendero se alejaba de la carretera ya que no escuchaban a los automóviles, sólo llegaban a sus oídos un suave murmullo. Cuando salieron de la arboleda se encontraron con un amplio pastizal con una agradable sombra, Emilio sacó la silla de ruedas del camino y, poniendo el seguro la dejó en la orilla.

-Bueno, ya, puedes bajar, pero no hagas ningún esfuerzo ¿ok?- Le dijo el chico a modo de advertencia, pero con una amplia y gentil sonrisa.

- Ajá… ¿y que me harás si me pongo a saltar y a correr?- Preguntó mientras se ponía de pie lentamente y se estiraba cual largo era.

Sintió un gran alivio al poder ponerse de pie y estirarse de esa forma tan “normal”, sólo entonces quedó en evidencia la gran altura de Ricardo. Estiró sus brazos por sobre su cabeza alcanzando casi su metro noventa de estatura, Emilio lo miró sorprendido ya que cuando uno está en cama por tanto tiempo suele verse mucho más pequeño de lo que es en verdad… ahora eso le quedaba claro, ya que no pensaba que fuera tan alto, además Ricardo tenía una sonrisa tan hermosa en ese momento, que parecía completamente curado. Sus mejillas no tenían ese pálido enfermizo, sus ojos no lucían esas oscuras sombras… era como si fuera completamente normal. Esta visión hizo sentir una extraña sensación a Emilio, sensación que no pudo explicar, pero que le hizo llevarse las manos al pecho por un segundo.

Ricardo volvió a bajar los brazos dando un gran suspiro y al mirar la expresión de Emilio rió encantado, le parecía tan encantador que el muchacho fuera tan fácil de sorprender.

-Eres muy alto.- Comentó el muchacho saliendo de su ensimismamiento y sonriéndole.- no me  lo esperaba.

-Claro, siempre me veías en cama o en una silla de ruedas, pero si… soy alto y tú eres… pues, muy pequeño.- Bromeó parándose frente a Emilio el cual, con sus escasos metro sesenta y cinco solamente le llegaba al pecho.

- No te burles… ser bajito tiene sus ventajas.- Se defendió al instante frunciendo el ceño y fingiéndose ofendido.

-Ajajajaja… Vamos, no te molestes… eres pequeño, pero mono.- Murmuró mientras pasaba a su lado acariciando levemente su mentón.- Ven… sentémonos bajo este árbol.

Comentó como si nada, dejando a un Emilio muy sonrojado y sorprendido por este gesto del otro. Le vio sentarse en el pasto y tenderse de espalda, por lo cual no tardó en seguirle sentándose a su lado con las piernas estiradas, su espalda levemente reclinada hacia atrás apoyando su peso en sus brazos los cuales estaban estirados hacia atrás.

Emilio sentía como si su corazón fuera a salírsele del pecho, quería preguntar qué era eso que quería decirle, pero al mismo tiempo sentía algo de miedo. ¿Y si no era nada en especial? ¿Y si, solamente quería pedirle que le trajera algo desde la ciudad?… No podía saberlo hasta no preguntar, así que respiró profundamente y miró directamente al rostro de Ricardo que yacía sobre el pasto quedando un momento sin saber que hacer. Después de decidirse a preguntar… Ricardo parecía haberse quedado dormido.

-¿Ricardo?…- Preguntó en un suave susurro mientras se incorporaba lentamente y gateaba un par de pasos hasta estar junto a su rostro, mirándole desde arriba.-…

“Y tanto que me costó decidirme si preguntarle o no, y ahora se queda dormido” Pensó riendo suavemente para no despertarle. Sintió un irresistible deseo de acercarse más aun y acariciarle una mejilla, pero… a pesar de que se acercó lo suficiente para sentir su aliento sobre su rostro no fue capaz de alzar su mano para tocarle. “No sé lo que pensarías si te enteraras que un chiquillo gay como yo se ha enamorado perdidamente de ti…” Le dijo en silencio sin dejar de mirarle, como si quisiera plasmar esa apacible imagen en su mente.

-No deberías acercarte tanto si no piensas terminar lo que pensabas…

Al escuchar que lo que decía el otro, Emilio dio un respingo cayendo de sentado a su lado. El corazón ahora latía desbocado y, era obvio que estaba sonrojado como una manzana.

- ¡No hagas eso, casi me matas del susto!- Exclamó el muchacho tratando de ocultar su nerviosismo en el enfado.- ¡No me gusta que me asusten de esa forma, creí que te habías dormido!

Volvió a reclamar cruzándose de brazos dándole la espalda. Al ver esta actitud Ricardo hizo un gran esfuerzo para no echarse a reír de puro gusto, ya que, para él el hecho de haberle visto reaccionar de esa forma tenía un gran significado. Lentamente y en silencio se incorporó y extendiendo sus largos brazos envolvió a Emilio en un suave, pero firme abrazo dejando al menor recostado sobre su pecho mientras él apoyaba su mentón en su cabeza.

-No tienes que molestarte tanto…- Susurró  aun con una divertida sonrisa en sus labios.- Pero esto que hice era parte de lo que quería decirte…- Reconoció.

Y era verdad, había planeado desde el principio hacer este paseo con Emilio para poder decirle la gratitud que sentía hacia el muchacho que había sido capaz de hacerle sentir vivo y querido, aun cuando su cuerpo se deterioraba a pasos agigantados.

Por otro lado, Emilio no supo que hacer ante ese abrazo. Sólo se quedó quieto y, a pesar de sus nervios, disfrutando de ese abrazo.

- Ricardo… espero que no estés bromeando, no me gustan estas bromas…- Murmuró sin moverse aun, ni hacer algún movimiento que indicara desagrado.

- No estoy bromeando… – Susurró tomándole por los hombros y volteándole para que quedaran cara a cara, pero al ver esas mejillas sonrojadas simplemente posó una mano en cada mejilla y se acerco lo suficiente como para que sus labios se unieran en un tierno beso.

Y como si fuera una escena de shoujo. Mientras el tiempo parecía detenerse en ese beso una fuerte brisa soplo sacudiendo los árboles haciendo caer una lluvia de doradas hojas a su alrededor.

- Me gustas… no, no me gustas… me he enamorado de ti…- Susurró al instante en que sus labios se separaron.

En ese instante, para Emilio no sólo se detuvo el tiempo, sino que también su corazón pareció detenerse ante esas palabras, sólo para volver a latir con mucha más fuerza al segundo siguiente. Sólo se le quedó mirando en silencio y con ojos brillantes.

Al ver que no respondía ni hacía movimiento alguno, Ricardo pensó que había cometido un grave error y se separó al instante.

-Lamento si te he incomodado u ofendido Emilio, pero es verdad… Desde hace mucho tiempo que no sentía esto, pero este tiempo que he estado viéndote, hablando contigo y conociéndote me has hecho sentir que no estaba tan muerto como creía, hasta  antes de conocerte yo no era más que un cadáver viviente y sólo quería que todo terminara rápido para dejar de existir en un mundo en que a nadie parecía importarle… Mi madre me ve solamente como una pieza de colección a la cual puedes vender por partes, es por eso que siempre venía a visitarme con una carpeta, porque quería que firmara unos documentos donde le cedía los derechos para que vendiera los órganos que aun estuvieran viables… No tengo amigos y, como ves, mi familia no es nada…- Volvió a acercarse a Emilio mirándole con una triste sonrisa como si temiera que este fuera a ponerse de pie y a irse de ese lugar.- Pero llegaste tu y a pesar de que traté de alejarte con mi mal genio, no pude, has sido el único capaz de romper esa barrera que me mantenía alejado del mundo. Aunque te traté mal seguiste viniendo a visitarme y a leer junto a mi cama, cuidaste de mí cuando me sentía mal después de las quimioterapias…- Dio un suspiro levantando su mirada hasta el cielo.- Me devolviste la vida, aun cuando estoy a punto de perderla… es por eso que, te lo vuelvo a repetir… no estoy bromeando, no podría…

Cuando terminó un nuevo silencio se adueñó el lugar y, a decir verdad, Ricardo no quería bajar la mirada del cielo por miedo a que Emilio ya no estuviera allí, pero un pequeño suspiro le hizo mirar para encontrarse con ese rostro siempre tan alegre, pero que ahora lloraba en silencio.

Esas palabras habían calado hondo en el corazón de Emilio, nunca se había esperado que le dijera eso ni de esa forma. Jamás se esperó que Ricardo, a pesar de ser de una familia muy acaudalada, estuviera tan sólo y se sintiera tan miserable. Se limpió las lagrimas con el borde de la manga de su bata blanca alzando la mirada para encontrarse con la de Ricardo…Un nuevo impulso invadía el corazón de Emilio sólo que ahora no se contuvo. Acortó el poco espacio que los separaba y le abrazó con fuerza, siendo ahora él el que daba el beso. Sintiendo con una triste alegría como era correspondido.

El tiempo pasó rápidamente para ambos que están envueltos en un suave telón de alegría que ocultaba lo trágico que era en verdad todo lo que vivían. La salud de Ricardo se deterioraba rápidamente y quedaba claro al verle con el semblante pálido, su apetito disminuía con los días y ya no era capaz de abandonar la silla para descansar sobre el suave pasto  sin la ayuda de Emilio.

Pero, por otro lado, jamás le habían visto tan feliz. A simple vista se veía que la mejor medicina para sus dolencias era la presencia de Emilio el cual le hacía sonreír  con sólo una mirada.

Pasaban todos los días juntos, Emilio se llevaba los deberes a la habitación 801 donde se dedicaba a estudiar con la ayuda de Ricardo, ya que, algunos días este se negaba a abandonar la cama por falta de ánimo.

-Emi…ve a comprar helado, ¿quieres?- Preguntó  con una media sonrisa mientras acariciaba los cabellos del muchacho ya que este se había recostado a su lado en la cama y había apoyado su cabeza en su pecho.

-¿Eh?… ¿quieres comer helado?- Preguntó alzando la cabeza y mirándole con algo de reproche, Ricardo tenía una dieta muy  estricta debido a que algunos de sus órganos internos estaban ya muy deteriorados, como su hígado y riñones.- Sabes que no pue…

La frase quedo incompleta ya que Ricardo se acercó hasta sellar sus labios en un cálido beso que hizo sentir a Emilio que su firme voluntad profesional se caía a pedazos.

- Vamos… deja de pensar en lo que es correcto, a estas alturas poco importa…- Le dijo acariciando una de las mejillas del muchacho el cual se sonrojó levemente.

- Esta bien, pero debes prometer que me dejarás darte unas medicinas para ayudarte a digerir la leche que contiene el helado, ¿de acuerdo?- Preguntó aguzando su mirada queriendo decirle que no transaría más el asunto.

-Está bien… tomaré las medicinas que me des…- Aceptó  Ricardo dando un suspiro de derrota.- Toma… llévate esto.- Le dijo sacando desde el cajón de su mesita de noche una elegante billetera de cuero de serpiente con el logo de “Armani” hecho de plata en un borde.

Emilio miró la billetera con ojos brillantes, aunque nunca le habían gustado las cosas hechas de pieles genuinas de animales, tenía que reconocer que esa billetera estaba hermosa y elegante. La tomó entre sus manos volviendo a mirar a Ricardo.

-Y ¿de qué quieres tu helado?- Preguntó, a lo cual Ricardo sólo sonrió maliciosamente, pero terminó por mover su cabeza para alejar esa pervertida idea que había pasado por su mente con esa pregunta.

- Tengo deseos de comer helado de pistacho.- Pidió sonriendo nuevamente con esa encantadora naturalidad que tanto le encantaba a Emilio.

-¡¿Pistacho?!- Exclamó mirándole casi horrorizado.- ¿Cómo te puede gustar ese helado?- Preguntó completamente sorprendido.

- Y… ¿qué tiene de malo?- Le dijo riendo ante su sorpresa.- Es pistacho, no te estoy pidiendo un helado de atún.- Comentó riendo.- ¿A qué viene tanta sorpresa?

- No, no es sorpresa… es que el helado de pistacho es… verde…- Comentó.

Emilio siempre había sentido cierto recelo a los alimentos que eran de color verde, pero que naturalmente no lo eran, como por ejemplo… el pistacho. El pistacho es parecido al maní en su coloración, pero el helado de pistacho es de un verde pálido lo cual comienza a despertar la sospechas en el joven estudiante de medicinas.

- Y ¿qué tiene que sea verde?- Volvió a preguntar Ricardo completamente divertido con la situación.- El helado de menta es verde también ¿no?… o ¿me vas a decir que tampoco te agrada?

-No es lo mismo, el helado de menta es verde, pero las hojas de menta también lo son…- Contestó el muchacho  en defensa guardando la billetera en su bolsillo y alistándose a salir.

-Cúmpleme ese deseo, Emi.- Le miró guiñándole un ojo de forma cautivadora a lo cual Emilio sólo se sonrojó aun más y simplemente salió de la habitación.

Esa tarde Ricardo comió helado de pistacho y Emilio, quien se resistió fieramente a probar ese helado, comió un helado de moras.

/// Continuará…

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Comentarios

26 comentarios en “Terminal”
  1. jessi dice:

    aaaaa :buu: ke madre tan mala tiene ezte ricardo i penzar ke ia lo dio por muerto pobre pobre… :llorar:

  2. jessi dice:

    arpia mouztro ezo i maz ze mereze eza vieja jij de zu… :grr: :paff:

  3. jessi dice:

    mui bien kreo ke m duele mi garganta… eztoi apunto de iorar a marez :llorar:

  4. jessi dice:

    a ke mono kreo ke voi a iorar :llorar: ¡bien ezho! ¡zigue azi m enkanto! :besos: :esoeso: :gracias:

  5. panchitta dice:

    qe hermoso relato, aunqe fue predecible desde los primeros capitulos, la manera en qe fue narrado me provoco derramar las mas gruesas lagrimas, hasta ahora este fafic es de los mejores qe he leido, me gustaria leer mas de tus trabajos, gracias por esta historia

  6. Karoline VxC dice:

    La amé, dios mío, la amé. Es primera vez que un relato me hace aguar los ojos. Te felicito, está excelente.
    Quizás se puede mejorar un poco mas la redaccion de los primeros capitulos, pero desde mas o menos la mitad en adelante está perfecta…
    Amé como maduró en cierto sentido Emilio y el regreso de Ricardo como Richard. Este chico tenía que tener algo diferente, algo por lo que Emilio le quisies tal cual es, y no solo por el recuerdo de Ricardo. Realmente supiste narrar esta historia y me alegro mucho de haberla encontrado, pues francamente, ni siquiera conocía esta página hasta hace 3 horas.
    Continúa, de verdad es un muy buen escrito. Conservalo bien y ve qué hacer con él, de verdad considero que vale la pena

    Cuídate mucho.

    Karoline VxC


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