Terminal
4 mayo, 2010 por Odal
en la categoría Fanfics, Originales
Cuando recuperó la conciencia Ricardo vio que junto a su cama estaba su doctor y el chico que había conocido ayer. Ambos tenían cara seria cuando abrió los ojos, pero vio que los ojos del muchacho se iluminaban al darse cuenta de que había despertado, mas no dijo nada y se dedicó a sonreírle con suavidad. Cuando el doctor le vio se inclinó sobre él revisando sus pupilas con una pequeña linterna que lucía como un lápiz.
-¿Qué le pasó?- Preguntó el hombrecillo mirando por un momento al muchacho como si hubiera sido culpa de él el que el paciente se desmayara, pero pronto volvió su atención al joven de la camilla.
-Lo de siempre… la quimioterapia siempre me hace sentir mal y una de las enfermeras siempre insiste en dejarme junto a la ventana como si fuera una maldita planta, aun cuando le he dicho que después de esas terapias me siento mal y quiero descansar no me hacen caso…- Comentó en tono enfadado volviendo a cerrar los ojos.- ¿Acaso son idiotas o no me expreso bien que no me hacen caso?…- Preguntó mirando al doctor seriamente.
-Las enfermeras sólo hacen su trabajo….y las cosas que hacen lo hacen por tu bien.- Comentó el doctor mientras continuaba en su rutina de tomar los signos vitales y de examinar al paciente.
-¡Por mi bien!- Exclamó Ricardo con evidente ironía.- Me parece que ellos deberían tomarse un poco más en serio su trabajo… Si les digo que me siento mal y que quiero dormir no tienen porque dejarme donde no deseo….no tienen la más mínima idea de cómo se siente uno después de esos tratamientos, no saben que uno queda muy sensible a la luz natural y tan fatigado que lo único que quiere es descansar, pero….no, claro, me dejan junto a la ventana por que es lo más rápido y menos trabajoso….y así pueden ir a conversar de su estúpida telenovela.- Terminó su reclamo desviando su mirada hacia un costado.
El doctor no dijo nada al respecto, siguió haciendo sus cosas como si Ricardo no hubiera dicho una palabra. Terminó sus anotaciones guardando sus cosas en su maletín de cuero, acercándose al muchacho que en todo momento se mantuvo en silencio y al margen de todo.
-Este muchacho se llama Emilio McGregore, será mi asistente interno… prepara un trabajo para la facultad y yo soy su tutor guía para hacerlo….así que trabajará conmigo un tiempo.- Dijo a modo de presentación dándole un ligero empujón al muchacho quien miró a Ricardo con una sonrisa alegre.
-Mucho gusto…- Saludó estirando su mano a la espera que, por normas de cortesía, el otro la estrechara para saludarle. Pero Ricardo sólo le miró a los ojos con evidente molestia y luego los cerró.
-Doctor, sabe perfectamente que no me agrada ser conejillo de indias de estudiantes, por mucho que estén bajo su tutela…- Sentenció de forma seca y cortante.
- Eso lo sé hijo…- Contestó el doctor con una risa seca.- El conejillo de indias no serás tu, seré yo….el trabajo de Emilio es el de estudiar el comportamiento e impresión que causamos algunos doctores a los pacientes, así que el chico hablará contigo después de cada visita médica que tengas para que le digas tus impresiones al respecto….como lo que me dijiste sobre las enfermeras, eso él lo va a evaluar y lo presentará en un esquema de trabajo o capacitación para el cuerpo del hospital en un intento de mejorar el trato hacia los pacientes.- Explicó el doctor mientras abría la puerta de la habitación dispuesto a salir.- Bien…. Emilio, también necesito que te quedes un rato para que te cerciores de que el paciente esté estable, si hay alguna descompensación me llamas al teléfono.
Y sin más se fue, dejando al muchacho y al paciente en un incómodo silencio. Emilio sabía que no le sería fácil a que el paciente accediera a hablar con él, de hecho dudaba de que le dirigiera la palabra. Así que simplemente tomó asiento cerca de la ventana sacando un libro.
-Disculpa…. ¿te molesta si abro la ventana un poco?- Preguntó con suavidad sin mirarle siquiera. Se sentía como si estuviera frente a un feroz león el cual podía oler tu miedo.
-Has lo que desees…- Murmuró Ricardo volteándose para darle la espalda a la ventana y acomodándose para dormir. Aun no se sentía muy bien y en verdad deseaba estar tranquilo y en silencio.
El chico abrió levemente la ventana, dejando entrar la fresca brisa de la mañana y entrecerró un poco las cortinas al darse cuenta de que el mayor deseaba descansar, dejando solamente una esquina con luz donde puso una silla y se instaló a leer en silencio. No tardó en percatarse de que el otro estaba ya dormido o eso era lo que su respiración pesada y regular le indicaba. Emilio se puso de pie, silencioso cual gato se acercó al paciente mirándole atentamente…si, estaba dormido.
-En verdad que te agotan esas terapias…- Murmuró muy bajito para que el otro no se despertara. Pasó una mano por su frente con suavidad notando lo fría que estaba su piel y aprovechó para ver bien los rasgos de Ricardo.
Su rostro siempre estaba serio y reticente a que la gente le hablara, pero cuando dormía su expresión se relajaba a tal punto que parecía casi un adolescente, relajado, pero a la vez su rostro tomaba una expresión triste y solitaria. Como si toda esa agresividad, mal humor y rechazo ante cualquier clase de compañía no fueran más que un escudo ante el mundo. “Se ve tan solo y triste…pero tampoco es un dulce caramelo con las personas, no es extraño que esté solo si se comporta como perro con rabia…” Pensaba sin quitarle la vista de encima. “Al dormir tampoco se ve muy tranquilo…de hecho, pareciera que sufre… mal humor estando despierto…una infinita soledad cuando duerme…pobre, esa no es vida…” .
Le puso otra manta encima cuidando de que no despertara, volviendo luego a su silla y a su lectura. No tardó mucho en dormirse también, había estado despierto toda la noche estudiando y después acompañó al doctor a hacer sus rondas por todo el hospital. La habitación de Ricardo era la última que solía visitar antes de irse.
Cuando despertó vio que el paciente ya estaba despierto y estaba viendo la TV a un volumen bastante bajo. Abrió los ojos sentándose rápidamente mirando por la ventana, pero un detalle llamó su atención…una manta. Tenía una manta encima y el libro que tenía en las manos cuando se durmió estaba en la mesita de noche.
-Lo siento…se supone que tengo que estar pendiente…..y me quedo dormido.- Se disculpó ahogando un bostezo.
-No es bueno que estudies de esa forma… debes dormir para que tu cerebro descanse.- Comentó sin dejar de ver a TV.
- ¿Cómo supiste que estaba cansado por eso?- Preguntó sorprendido mientras doblaba la manta con cuidado.
-Lo supe, porque mientras dormías le pedías a tu maestro que no te hiciera ese examen, porque no habías estudiado lo suficiente.- Comentó y un amago de sonrisa asomó a sus labios al recordar que fueron esos reclamos lo que lo despertaron dándose cuenta de que el chico se había quedado dormido junto a la ventana abierta.
Emilio al ver esa pequeña sonrisa se le acercó dejando la manta a los pies de su cama y mirándole a los ojos con entusiasmo.
-¡Wow! También sonríes.- Le dijo guiñándole un ojo.- Luces mucho mejor cuando sonríes ¿sabes?- Comentó casi sin pensar en lo que decía, pero al instante se dio cuenta de que Ricardo le miraba entre sorprendido e incrédulo.- ¡Ah!….me refiero….a….bueno, que… te ves mejor… ¡más saludable!- Balbuceaba nervioso notando como su rostro se iba enrojeciendo.-…si, eso…luces mucho más saludable cuando sonríes.- Logró terminar guardando sus cosas en su mochila.
-Ajá….- Murmuró Ricardo sin poder evitar sonreír divertido ante el nerviosismo del muchacho.
-Ya se me hizo tarde….ya me voy o voy a perder el bus….- Dijo tomando su mochila y saliendo apresuradamente. Dejando al otro riendo suavemente, aunque guardó silencio cuando le vio aparecer nuevamente por la puerta con una gran sonrisa.
-¿Puedo venir a verte mañana?…como me dormí no hice nada del trabajo.- Dijo sacando la lengua en una simpática mueca.
- Está bien… hablaremos mañana.- Le dijo volviendo su atención a la TV aunque aun se podía adivinar los rastros de su sonrisa en su rostro.
“Lo sabía…se ve mucho mejor cuando sonríe” Pensó saliendo ya definitivamente de la habitación. Se apresuró en salir del hospital, pero en la puerta chocó con alguien casi cayendo al suelo.
-Lo siento, no le vi.- Se disculpó casi sin mirar a la persona con quien había chocado, volteó y siguió su camino, pero sintió que le tomaban fuertemente del brazo.
-No sabía que ese paciente te entretuviera hasta estas horas….- La voz le causó un desagradable escalofríos a Emilio, era Francisco, su compañero.
-No me entretuvo…. No seas idiota.- Le dijo soltándose de su agarre de un tirón y mirándole seriamente.- ¿No tienes nada que hacer que molestarme?- Preguntó mirándole enfadado.
-No te creas importante sólo porque te cruzas en mi camino cada vez que estoy aburrido.- Contestó de forma despectiva encogiéndose de hombros.- Sólo te molesto porque estas a mano…
-Entonce busca a alguien más para molestar…- Le miró molesto y ofendido para luego voltear y comenzar a caminar, pero un fuerte empujón le hizo chocar contra una pared lastimándose las manos.- ¡Qué diablos haces!- Exclamó sorprendido volteando sólo para encontrarse con que el rostro de él estaba a escasos centímetros del suyo lo cual le inquietó.
-Te dejo bien en claro que las decisiones no las tomas tu…- Le dijo acercando su rostro al de Emilio mirándole de forma amenazante.
Solamente le pudo mirar, totalmente incrédulo de lo que estaba pasando. Dio un suspiro armándose de valor y simplemente le dio un potente golpe en la quijada a ese chico el cual cayó sentado al suelo por la fuerza del golpe.
-¡No trates de darte aires de grandeza!- Se plantó frente al chico que le miraba furioso.- ¡No eres nadie para decidir por mi, el que no sea un animal agresivo como tu no quiere decir que puedas abusar de esa forma!- Exclamó volteando nuevamente.
El muchacho que estaba en el suelo se levantó y se arrojó, literalmente, sobre Emilio volviendo a dejarle de frente contra la pared torciendo cruelmente su brazo hacia atrás y acercándose a su nuca.
-Esto te costará caro…y me cobraré con intereses…- Le susurró torciéndole el brazo hasta que tronó de una forma bastante extraña haciendo que Emilio ahogara un quejido debido al dolor.
Ya era tarde cuando dos figuras caminaron una junta a la otra por el camino de salida del hospital, nadie vio nada y en la noche quedaron ahogados los gritos de auxilio.
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aaaaa
ke madre tan mala tiene ezte ricardo i penzar ke ia lo dio por muerto pobre pobre…
arpia mouztro ezo i maz ze mereze eza vieja jij de zu…
mui bien kreo ke m duele mi garganta… eztoi apunto de iorar a marez
a ke mono kreo ke voi a iorar
¡bien ezho! ¡zigue azi m enkanto!
qe hermoso relato, aunqe fue predecible desde los primeros capitulos, la manera en qe fue narrado me provoco derramar las mas gruesas lagrimas, hasta ahora este fafic es de los mejores qe he leido, me gustaria leer mas de tus trabajos, gracias por esta historia
La amé, dios mío, la amé. Es primera vez que un relato me hace aguar los ojos. Te felicito, está excelente.
Quizás se puede mejorar un poco mas la redaccion de los primeros capitulos, pero desde mas o menos la mitad en adelante está perfecta…
Amé como maduró en cierto sentido Emilio y el regreso de Ricardo como Richard. Este chico tenía que tener algo diferente, algo por lo que Emilio le quisies tal cual es, y no solo por el recuerdo de Ricardo. Realmente supiste narrar esta historia y me alegro mucho de haberla encontrado, pues francamente, ni siquiera conocía esta página hasta hace 3 horas.
Continúa, de verdad es un muy buen escrito. Conservalo bien y ve qué hacer con él, de verdad considero que vale la pena
Cuídate mucho.
Karoline VxC