Muerte de un Chapero
1 March, 2010 por Nayra Ginory
en la categoría Fanfics, Originales
- 1ª noche: 11 de febrero
- 2ª noche: 12 de febrero
- 3ª noche: 13 de febrero
- 4ª noche: 14 de Febrero.
- Epilogo: 5ª noche. Un año después.
—Eh, ¿a dónde te vas? —Manu corrió tras su compañero al ver que este se dirigía a la salida de la calle. No era normal que se fueran de allí si no iban acompañados de un cliente.
Él siguió caminando, fumando su cigarrillo y haciendo un esfuerzo por ignorar al otro, con la esperanza de que lo dejara en paz.
—Oye tío, ¿a dónde vas? —repitió Manu.
—Joder, ¿y a ti que te importa? —se desembarazó con brusquedad de Manu, que lo había agarrado por la manga de la chaqueta. Manu corrió y se puso ante él, obstaculizando su camino—. Quítate de en medio, mocoso de mierda.
—Dime a dónde vas, y me aparto.
Suspiró hastiado, luego miró su reloj. Se le hacía tarde.
—Tengo una cita. Y ahora, apártate.
Pero en vez de eso, Manu volvió a pararle.
—¿Con quién? ¿Tienes novia?
—No imbécil —le dio un empujón que lo hizo caer—. Con un cliente.
Manu se quedó unos instantes más sentado en el suelo, viendo como el otro se perdía entre la bruma, luego vio un coche que se dirigía a su puesto de trabajo y se levantó dispuesto a llevarse ese cliente, pero sintiendo dolor al levantarse. “Maldito cabrón”, pensó mientras caminaba. “Me va a salir un moretón en el culo”.
—Llegas tarde —fue todo el saludo que recibió mientras el escultor le abría la portería.
Subió las escaleras de dos en dos y se encontró que la puerta del loft estaba abierta. Asomó la cabeza. No se veía a Rubén por ninguna parte.
—Toc, toc —dijo fingiendo tocar en la puerta de madera.
—Pasa y vete desnudándote —la voz de Rubén sonaba lejana, como desde otro lado de la estancia.
Cerró la puerta tras de sí y se dirigió a la cama. Sobre la silla que había junto a ella estaban sus cien euros. Se los metió en el bolsillo, se desnudó y se tumbó.
—No, levántate —Rubén apareció por una puerta al fondo que no había visto la noche anterior. Llevaba una cinta métrica en la mano.
—¿Vas a medirme? —preguntó divertido mientras se incorporaba.
—Sí, ya te dije que será de tamaño original y quiero mantener tus proporciones.
Sin más preámbulos empezó a medirle, primero su altura y luego la longitud de su brazos desde el hombro a la muñeca, de sus piernas desde el hueso de la cadera hasta el tobillo, las manos, los pies, la envergadura de su pecho y sus caderas. Conforme tomaba las medidas iba apuntándolas en un cuadernillo.
—¿No me vas a medir la polla? —preguntó con maldad.
El escultor negó muy serio con la cabeza, como ajeno al hecho de que le estaban gastando una broma.
—No voy a esculpir los genitales.
—Y entonces, ¿por qué me haces quitarme los calzoncillos?
—Porque los glúteos sí que necesito verlos —terminó de apuntar las medidas y se giró—. Túmbate.
Como la noche anterior, Rubén se limitó a decirle como debía colocarse antes de concentrarse en la arcilla y mantenerse en silencio. Después de estar un rato callados, el prostituto empezó a aburrirse. Proveniente de la calle se oía una canción que a él le gustaba, quizá de la radio de un coche o de otra de las casas. Inconscientemente empezó a tararear y a seguir la tonada con el cuerpo.
—No te muevas por favor.
—Joder, es que me aburro.
—Lo siento, pero no te muevas.
Se centró entonces en estudiar a su cliente. Era joven, aunque no tanto como él mismo, quizá tendría unos veinticinco. Tenía un pelo negro que se arremolinaba de manera muy graciosa formando rizos y ondulaciones en su cabeza. Su nariz era recta, sus labios llenos y sus ojos muy oscuros. Le estudió mientras trabajaba, tan absorto que no se daba cuenta de que lo miraban. A pesar de ser muy grandes, sus manos se movían con destreza y habilidad sobre la arcilla, moldeándola y creando en ella formas llenas de vida. Sus brazos se tensaban y sus hombros se mantenían rectos mientras inclinaba la cabeza para contemplar su obra más de cerca, antes de alejarse y seguir con el trabajo. Se imaginó esas mismas manos sobre su propia piel, manejándole como hacía con la arcilla, tratándole con esa mezcla de ternura y determinación. Se estremeció.
—¿Desde cuándo eres escultor? —el otro se limitó a encogerse de hombros—. Oye, si me vas a tener aquí quieto lo menos que puedes hacer es hablar conmigo, ¿no?
—¿Desde cuándo eres prostituto? —la pregunta quizá le hubiera molestado en otras circunstancias, pero ahora fue dicha sin ninguna maldad, sólo con una ingenua curiosidad.
—Desde los dieciséis. Ahora tú.
Volvió a encogerse de hombros.
—No lo sé, desde siempre. Mi madre dice que de pequeño hacía obras de arte con la arena de la playa o con el barro del jardín, así que empezaron a comprarme plastilina, arcilla, esas cosas. Empecé a tomar clases a los trece o catorce años. Ahora estoy aprendiendo a trabajar materiales más rígidos. Primero aprendí a forjar metales y a esculpirlos. Ahora estoy aprendiendo a trabajar las piedras.
—Ya veo. Por eso vas a hacer la estatua de mármol.
—Ajá.
Hubo un nuevo silencio. El chico se movió de nuevo para rascarse la espalda, intentando hacerlo en un momento en que el escultor no le mirara para que no se diera cuenta.
—No te muevas —repitió el escultor con voz monótona.
—Lo siento —musitó.
—Aún no me has dicho cómo te llamas.
—Ya te dije que no se lo digo a mis clientes.
—Pero yo no soy un cliente normal —levantó la mirada de su trabajo—, quiero decir, que yo no…
—¿Y qué diferencia hay? Estoy desnudo en tu cama, y si estoy aquí es porque me estás pagando. Si no me quieres follar es tu problema, pero eres un cliente al fin y al cabo. Tampoco se lo digo a nadie en la calle.
—¿Entonces cómo te llaman?
—“Chico guapo”. Así me llaman.
—Y nadie sabe cuál es tu nombre —no fue una pregunta.
—No.
—¿Pero por qué no se lo dices?
—Porque a ellos les da igual. No me necesitan a mí, sólo a alguien a quien follarse. Igual que tú, que sólo necesitas un modelo que se esté quietecito. Si no fuese yo, sería cualquier otro. Tú tampoco me necesitas a mí.
Rubén levantó la mirada de la arcilla por un rato más largo esta vez, al notar la amargura en el tono de su voz.
—Cuando alguien me necesite a mí —continuó con la voz rota—, cuando alguien venga a estar conmigo —remarcó esa última palabra señalando su pecho—. Entonces a esa persona le diré cómo me llamo.
El escultor lo miró una vez más, aprehendiendo la tristeza que se veía en ese rostro, sabiendo que si pudiera captarla en su escultura, esta sería su obra maestra.
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Ahhhhhhhhh……. q bello… q bello… me encanto…. no c q decirte…. me encanto la historia… tiene una muy buena trama…. aunq el final kedo un poco abierto…. naaaa… no da… de todas formas me gusto mucho…. ^-^…
Mis sinceras felicitaciones a la autora.
Pese a que el título no me atraía mucho, porque no sabía que ¢∂@€%# era un chapero (diccionario amigo dice “Homosexual masculino que ejerce la prostitución”), la historia me sorprendió positivamente. Una buena trama y una forma de narrar muy lograda.
También aprecié que “la escena de amor” fuera sutil, la referencia a los griegos (interesante, da para fanfics en sí misma) y el final me pareció justo.
Nada que decir, de lo mejor en fanfics que he leído últimamente, sin exagerar :)
Pues muchas gracias -se ruboriza-, me alegro que les gustara mi historia.Un beso
Guapos todos.
Eso es todo lo que me hizo sentir.
genial.
simplemente GENIAL!!!!!!!!!!!