Clase de Literatura
1 March, 2010 por Nayra Ginory
en la categoría Fanfics, Originales
Entré en clase a las ocho en punto como cada día, pero me sorprendió comprobar que no había nadie y que todos los pupitres estaban vacíos. Miré a mi alrededor atónito, buscando una explicación para la ausencia de mis compañeros. El timbre que marcaba el inicio de las clases sonó y al mismo tiempo oí como la puerta del aula se cerraba detrás de mí. Me giré para encontrarme de frente con esos ojos que me robaban el aliento cuatro horas a la semana. El tiempo pareció detenerse un instante, suspendido en algún lugar de mi conciencia, mientras veía como Carlos, mi maravilloso profesor de literatura, se acercaba a mí moviéndose de una manera sinuosa muy impropia en él.
—¿No ha llegado nadie? —preguntó el profesor, mirándome con intensidad.
—No —dije con un hilo de voz.
Los dos primeros botones de su camisa estaban desabrochados y su morena piel quedaba expuesta. Quise acariciar el tibio vello de su torso y hundirme en el profundo olor que emanaba de él. Tragué saliva sonoramente.
—Bien, entonces tú y yo estamos solos —llegó hasta mí y acarició mi rostro con infinita ternura mientras su perfume me invadía—; voy a tener que darte una clase privada.
—¿De literatura? —pregunté muy nervioso.
Una curiosa sonrisa se insinuó en sus labios.
—No, de eso no —dijo mientras acercaba sus labios a los míos en un camino lento, pero inexorable.
Dejé que me atrapara en su beso y en su olor. Hundí mis manos en su sedoso cabello mientras él introducía sus dedos, como trémulos tentáculos, por el interior de mi camisa. El contacto de sus manos contra mi piel me hizo gemir.
—Carlos —jadeé cautivado por su contacto.
—Mi precioso niño —dijo a su vez con los labios hundidos en mi cuello, mordisqueando mi piel, haciéndome enloquecer—, siempre te he deseado…
Llevé mis manos a su camisa y la desabotoné con ansia, sólo para poder hundir mi nariz en su pecho y aspirar su profundo perfume a virilidad. Carlos era tan hombre, tan guapo, tan fuerte, y yo lo deseaba tanto.
Me elevó, cargándome por debajo de las axilas, hasta dejarme sentado en la alta mesa desde donde nos daba clase. Sólo entonces me di cuenta de que toda mi ropa había desaparecido. Sentí bajo mi piel la fría madera pulida de la mesa y me estremecí. Entre besos, Carlos me miraba lleno de pasión.
—Eres tan hermoso, mi dulce niño —sus palabras acariciaban mis sentidos— tan hermoso…
Un gemido entrecortado escapó de mi garganta mientras el deseo fluía imparable por mis venas. No sentía vergüenza sino ardor, un ardor incontrolable que me hacía querer revolcarme con él como un perro en celo. Le atraje hacía mí, rodeando su cintura con mis piernas, de manera que nuestros miembros se rozaron deliciosamente. Me restregué contra él en un intento de aplacar esa ansiedad que me corroía por dentro, mientras con mis manos descorría los cierres de su cinturón. Sus pantalones cayeron, derramándose por sus piernas al tiempo que quedaba a la vista su tibia y palpitante carne. Le toqué, ansioso de sentir su fuerza bajo mis manos, deseando entregarme a él con cada fibra de mi ser. Insinuante, me tumbé sobre la mesa invitándole a acercarse más, mientras se mantenía entre mis piernas, acariciando mi cuerpo con avidez y mirándome con deseo.
—Mi pequeño, mi hermoso pequeño —sus labios pronunciaron las palabras sin moverse apenas, mientras sus manos tanteaban hambrientas mi entrepierna.
Abrí las piernas, entregado por completo a él, mientras sentía cómo su hombría se adentraba en mí, llenando mis entrañas con calor y placer. Siempre temí que la primera vez fuera dolorosa, pero no fue así, sólo había un candente placer. Carlos dentro de mí, abrasándome, mientras agarraba mis caderas con sus manos, apretando mi carne entre sus dedos hasta hacerme sentir un agradable dolor. Me apreté contra él para hacer la penetración más intensa y él incrementó el ritmo de sus embestidas. Mi cuerpo se estremecía sin ningún control mientras clamaba por el desahogo del orgasmo. Entre gemidos, agarré mi miembro y me masturbé, consciente de que me iba a correr de un momento a otro, mientras Carlos, que no apartaba sus ojos de los míos, jadeaba con cada furiosa embestida. El mundo a mi alrededor pareció desaparecer mientras me corría en mi mano al tiempo que sentía como mi propio cuerpo se desvanecía: ya no sentía la dureza de la mesa debajo de mí, ni a Carlos en mi interior. Cerré los ojos, confuso, mientras intentaba recuperar el control de mi cuerpo y de mi mente. Un insidioso zumbido comenzó a sonar en ese momento más allá de los límites de mi conciencia. Me sentía desorientado, ¿era el timbre que marcaba el final de la clase? Volví a abrir los ojos, pero Carlos no estaba allí. Ni él, ni la clase, ni los pupitres. Me giré confuso y me encontré en mi propia cama. Alargué el brazo y apagué el despertador con un manotazo, al tiempo que caía dolorosamente en mi propia realidad. Eran las siete de la mañana y tenía que vestirme para ir a clase. Pensé, apesadumbrado, que a primera hora tendría literatura. Me senté en la cama y aparté la manta, sólo para encontrarme completamente manchado: mi semen se había derramado en mi pijama y entre la ropa de cama.
—Mierda —mascullé—, encima voy a tener que cambiar las sábanas.














![Si buscas descargas yaoi, esta es LA web que necesitas :P [[ Slashfiction HP ]]](http://www.yaoiadiccion.net/wp-content/uploads/2009/08/bannerslashfic.gif)

jejeje… tuvo divertido… muy bueno… jejeje…. al final solo era un sueño, pobrecito…. jejeje…. te kedo muy bien…. ^-^
Qué bueno >//<
Creo que me lo leí hace un tiempo en Amor-yaoi
la descripcion woowow!!
lastima que todo era un sueño jjajaja!
awww te kedo maravilloso!!
(L)…pobre chavo..jejeje
n.n