Ying Yang
6 marzo, 2009 por Kuroi Neko
en la categoría Yu-Gi-Oh fics
-¡¡Quédate quieto!!- tiro aun más de la cuerda, hasta no escuchar mas que gemidos ahogados.-Espero que ahora si te dejes… ya sabes lo que podría pasarte…-soltó un poco la presión, dejando pasar aire a los pulmones de Joey.
-Po…por favor… por favor… Kaiba, dej-
-¡¡Qué te dije!!… mierda Joey, no me dejas salida…-lo golpeo en el rostro, manteniéndolo sobre la cama y tomando el látigo que pendía de su cinturón comenzó a azotarlo, marcando la piel desnuda de todo su cuerpo.
Reducido a un ovillo, su cuerpo en posición fetal intentaba protegerse de los afanosos golpes que dejaban salir sin su consentimiento gruesas lagrimas y jadeos del mas puro dolor, mordiéndose el labio inferior trataba de reducir su lamento… que el sádico espíritu de Kaiba no se alimentara de su sufrimiento.
Un horrible escozor, la húmeda sangre y una suave brisa cubrieron su cuerpo… el látigo ahora inerte en manos del amo de su cuerpo.
-Joey… ¿por qué no entiendes?… yo… tú sabes que no quiero hacerte daño… pero si no obedeces a mis órdenes… no tengo otra alternativa…-camino hacia la cama y acaricio la espalda salpicada de sangre. –Joey… obedéceme… y esto no volverá a ocurrir…-
-Kaiba…-levanto el rostro, como era posible que kaiba mostrara un rostro tan amable y sereno luego de azotarlo y torturarlo, como era posible que él mismo adorara ese agradable dulce en su voz mientras intentaba violarle… como eran posibles tantas abominaciones, sobre su cuerpo, sobre su alma…
-Déjate Joey… en serio te gustara…-acaricio su rostro –tu sabes que te quiero…-examino su cuerpo lacerado, mientras con su látigo movía su cuerpo sin tocar su piel maltratada, extendiéndolo sobre la cama. –cachorro, eres tan lindo…-lamió una de las profusas heridas que surcaba el pecho del rubio, éste solo intento ahogar el gemido de dolor.
-Kaiba… no, por favor…- apretó los ojos… ¿cómo decirle?…
-¿Qué?… ¿que acaso no es suficiente?…- los ojos iracundos de Kaiba se posaron sobre los suyos.
-No!!… no es eso… es solo… es solo que duele… mucho…-sintió como todos su cuerpo se reducía bajo la mirada intimidante de quien hace días era su amo.
-¡¡Dios!!… ¡¡si me hubieras hecho caso, no tendríamos este problema!!…-se sentó en la cama, apoyando una de sus manos en la cama, sintió la humedad de la sangre y las lagrimas mezcladas en la sabana. –No puedo hacerlo en estas condiciones…- se levanto y cruzando la habitación salio.
Minutos más tarde entro Mokuba cargando una bandeja con cremas y una toalla húmeda.
-¿Joey?…- camino inseguro por la habitación, cubierto por una sabana, parecía que el rubio dormía.
-Hola…-Joey abrió los ojos.
-Dormías?- se sentó a su lado.
-No… solo descansaba…- imito una sonrisa lastimera.
Mokuba miro las heridas en el cuerpo de Joey, Dios, ¿cómo su hermano podía hacer eso?, maltratarlo de esa forma tan brutal… si era verdad aquello que Joey había hecho contra Seto y que se suponía habían arreglado con un duelo de monstruos, definitivamente ahora pensaba de una manera completamente diferente que en un comienzo… nada era tan malo como para sufrir de aquella manera. Pero entonces miro los labios hinchados y rojos del rubio, no era la primera vez que estaban así… bajo la vista apenado… él no era tonto, sabia que su hermano lo estaba mortificando de alguna manera, que los golpes no eran lo único que los unía a ambos… de alguna forma estaba ocurriendo algo entre ellos, algo quizá cruel, reflejada en la mórbida sonrisa del Ceo al salir de la habitación que ocupaba Joey, alguna insana satisfacción al… obligarlo, eso, quizá lo estaba… sometiendo… Dios, esa extraña obsesión por el rubio estaba enloqueciendo a su hermano.
-Te duele mucho?- su voz acongojada.
-No…- sonrió –ya estoy bien… tu sabes, soy una persona fuerte…- le regalo una de esas miradas cariñosas que hace tiempo no se veían por su rostro.
-Mi hermano me pidió que te curara…-se subió en la cama para acercarse mas.
-Ahh…- bajo la mirada, avergonzado; se sentía mal al mirar el rostro triste de Mokuba cada vez que presenciaba el trato que Kaiba ejercía sobre el y aunque Mokuba no entendía como se había llegado a aquella extraña situación, sí sabia que su hermano se había ganado el cuerpo de Joey en un duelo de monstruos.
Lo que no sabia era que Joey había promovido aquel duelo por una cuestión mas personal… lamentablemente el trato antes y durante el duelo tergiversaron sus verdaderas intenciones, el solo quería pasar un rato con el trigueño de ojos azul cobalto, no que su estancia en la mansión Kaiba se transformara en un enfermizo intento de humillación. Había llegado el mismo jueves después del duelo, Yugi había intentado acompañarlo hasta casa de Kaiba, pero este se negó rotundamente.
-Lo veras dentro de una semana mas Moto- solo eso y cerro la ventana de su limusina que comenzó a avanzar despacio por la ciudad –te aconsejo que recuerdes como esta la ciudad ahora, quizá la próxima vez que la veas, este diferente…-y aquella mueca sádica.
Dios!, y era verdad, lo único que veía cada día era el rostro de Kaiba que entraba a su habitación claustrofobica para que éste lo sirviera como si fuera una simple mucama, vistiendo un simple yukata, tratándolo como un gran señor… lo hacia comer junto a él, en el suelo junto a sus pies; dos días solo con Kaiba, con la rutina de la gentil sirvienta, comer, complacerlo en todo lo que deseara… o en casi todo…
-no!!… ni aunque me obligues…-
Y así comenzó todo, Kaiba lo obligo… primero con inofensivas sustancias psicotrópicas, amenazas… Que no se diga que Joey Wheeler se dejo someter a la voluntad de Seto Kaiba… eso no fue así.
Iban dos días y Joey ya había intentado escaparse de la mansión Kaiba, obviamente sin resultados, dos días… y pensando que nada mas podría ocurrir, se atrevió a enfrentarse al dueño de su persona… fue entonces que pudo ver a Mokuba, y no en las mejores circunstancias.
Fue la primera vez que Kaiba lo golpeo, con una varilla desato su frustración, deseaba pasearlo como a un perro, casi desnudo, por el inmenso patio de la casona.
-Quiero que te quites la ropa y te pongas esto- le mostró un pantaloncillo y una camiseta sin mangas de latex, junto a un collar grueso de cuero negro donde iba enganchada una cadena.
-¿Qué es esto?…- miro extrañado, medio sonriendo pensando en que era una broma –es una broma Kaiba?, no sabia que las hacías…-
-No es broma… quitate la ropa, ahora…-le arrojo el traje a la cara –ahora…-
-No juegues, esto no es lo que acordamos…-tiro la ropa al suelo.
-Acordamos que harías lo que yo quisiera por una semana… y quiero que te quietes la ropa y te pongas eso…-
Finalmente termino casi arrastrándose de dolor sobre el pasto, con las costillas salpicadas de contusiones y laceraciones abiertas, con la camiseta apretada raspándole y manchándose de sangre, pidiendo compasión, gritándole que estaba loco…
-¿Loco?…- se agacho hasta quedar a su altura –si, por ti…-murmuro en su oído, dulcemente –me encantas, especialmente cuando suplicas…- le beso los labios, tan gentilmente que parecía que todo el dolor había sido algo irreal, un mal sueño… era ilógica la idea de estar casi secuestrado por un psicópata que gustaba de hacerlo sufrir.
El jalón de la correa lo volvió a la realidad.
La varilla de madera, la cuerda que lo dejaba sin aire cada vez que Kaiba tiraba de ella, la paleta de plástico… y el látigo, habría algo mas?, era posible viniendo de la mente de Kaiba.
Ahora, al cuarto día, después de haber asumido la tarea de animal de compañía, de sirvienta a todas horas, de modelo, paseándose por toda la casa sin ropa, posando en las posturas mas calientes para su colección de fotos pornos, después de haberlo filmado masturbándose, teniendo un orgasmo con un vibrador… después de haberlo hundido en la nada, quizá en algún momento la voz dulce y consoladora del Ceo lo había hecho olvidar toda aquella pesadilla, esa venganza ridícula que podría soportar… esta bien, era humillante ser su animal y sirvienta, pero perdonaba todo con sus caricias fugaces… estaba cumpliendo parte de su sueño… pero todo se perdió el día en que lo golpeo y lo trato como perra en celo… que caída había sufrido la adorable visión de Kaiba, el chico frió que tenia en lo profundo de su corazón un lado dulce… y el lado desequilibrado?, nadie le había advertido que venia en el paquete…
-¿Pasa algo Joey?-Mokuba lo miro extrañado.
-No, solo recordaba…-hundió su rostro entre sus brazos, apoyados sobre la almohada.
Aquella tarde Kaiba había estado tomando sake, parecía hacerlo mas a menudo desde que él estaba ahí; no estaba ebrio, pero era suficiente para que su parquedad fuera guardada en algún lugar de su mente.
-Levántate…- le ordeno, Joey que estaba arrodillado a sus pies se situó a su lado.
–tomate esto…-le extendió un vaso de sake, junto a un par de pastillas verdosas. Joey miro el látigo negruzco en el cinturón de seto… no tenia más remedio que obedecer.
–acuéstate en la cama…-trago duro, sus manos comenzaron a sudar mientras caminaba a paso lento, llegando junto a la enorme cama de dos plazas Kaiba le ordeno que se quitara el yukata.
-Quedan 3 días… solo 3 días, creo que ya es hora de pasar a “otra cosa”…-sentándose junto al cuerpo extendido de Joey, le quito el collar de cuero y en su lugar le puso el cordón que sujeto a su muñeca.
-Kaiba… por favor…- lo miro suplicante –que haces?… por favor… no…-se sentó en la cama y trato de alejarse, pero el jalón lo tiro de cabeza junto al regazo del ceo.
-Me encanta cuando suplicas…- se desabotono el pantalón y acerco el rostro del rubio hasta el cierre –hazlo…- Joey lo miro con enormes ojos. –hazlo… así te dolerá menos…-
Pensó en aquello… “aquello”, hubiese soñado antes en tener sexo con Kaiba, le habría gustado hacerlo con él si su lado enfermo no se hubiera presentado?…
-no… no, Kaiba… ya es suficiente…-se aparto.
-¿Cuántas veces me has dicho lo mismo?… ¿ah?… ¿para que sigues intentando oponerte si al final haces lo que yo te digo?…- lo jalo, quería que lo mirase a los ojos.
-¿por qué haces todo esto?…-
-Ya lo sabes… me gustas…- abrió el cierre de su pantalón.
-¡¡No!!…-lo alejo de si –estas enfermo… déjame en paz!!…-
-No me obligues a pegarte…-lo amenazo.
-¡¡Hazlo!!, y terminaras haciéndolo con un muerto…-se movió hacia el lado opuesto de la cama, pero la cuerda comenzaba a quitarle el aire.
-No me obligues Wheeler…-ambos tirando del lado opuesto de la cuerda, uno por mantener el control… el otro intentando respirar.
-¡¡No!!…-pateo hacia el estomago del ceo, como tantas veces antes lo hizo, tratando de hacerse respetar…
Un golpe, un simple golpe… nunca se había sentido tan débil e inútil como durante su estancia en la mansión Kaiba… parecía una chiquilla, comiendo a penas lo necesario y obligándolo a tomar esas pastillas que parecían consumirlo.
-¡¡Mierda!!…-Kaiba termino por tirarse sobre el, para inmovilizarlo con su cuerpo.
-¡¡Déjame!!… ¡¡suéltame Kaiba!!…-forcejeaba, intentando deshacerse del peso.
-¡¡Quieto!!… ¡¡quédate quieto!!…-lo tomo de las muñecas, y con dificultad lo sujeto por sobre su cabeza, mientras se acomodaba entre las piernas del rubio.
-¡¡Ahh!!!… ¡¡No!!… ¡¡Mokuba ayúdame!!!… ¡¡Mokuba!!…-el puñetazo colérico que Kaiba soltó en su rostro lo callo rápidamente, desorientándolo momentáneamente.
-¡¡No lo llames!!… ¡¡nunca mas!!…-observo el hilo de sangre que comenzaba a fluir del labio inferior del rubio –Joey, no te pongas así…- lamió su sangre y lo beso –ya veras que te gustara…-le sonrió, una mueca empañada en una desquiciada alegría.
-Por favor…-un débil murmullo.
-Quizás podríamos arreglar un acuerdo para que te quedes mas tiempo…- sujetando ambas muñecas del rubio con solo una mano, con la otra seto se quitaba el pantalón y el boxer, haciéndose espacio entre las piernas de Joey.
-Seto… por favor…- casi audible.
-Una semana más… conmigo… ambos juntos… me gusta la idea… Joey… Joey…-
-¡¡No!!…-grito histérico al sentirlo… ahí, entrando… no, cerro los ojo…no… grito, mas fuerte… golpeo, mas fuerte… su voluntad, mas fuerte…
Habría cruzado por su mente la idea de “deshacerse” de Kaiba?, hace 4 días atrás… cuando el Ceo era perfecto para todo “su mundo”, habría deseado con todas sus fuerzas matarlo rápida y fríamente?… no, claro que no… si alguien le hubiese descrito mas o menos lo que veía ahora, lo habría encontrado erótico… y seguramente se habría dejado hacer, si no fuera porque los días que habrían precedido a este climax lo habían torturado hasta el punto de desear la muerte… de uno de los dos.
-¡¡Quieto!!…-lo golpeo de nuevo, pero Joey continuo negándose –¡¡no te muevas mierda!!…- he intento de nuevo, sujetando una de las suaves rodillas del rubio por sobre su hombro.
-¿Joey?…-Mokuba lo sacudió con delicadeza, intentando no hacerle mas daño.
-¿Ah?…-lo miro como perdido.
-Ya termine…-arreglo la bandeja –¿no quieres nada mas?… una de las pastillas verdes que te da mi hermano para el dolor…-
¿Pastillas para el dolor?… ciertamente que sentirte mareado, con la mente perdida en algún lugar muy alto, mientras ves todo a tu alrededor con una textura esponjosa, evita el dolor físico…
-No gracias… estoy bien así…-
-Bueno, entonces me voy…- se bajo de la cama, sosteniendo la bandeja.
-¡¡No!!… ¿por qué tan luego?…- la mirada suplicante y asustada, no quería estar solo… no quería verse disponible para otra sesión de latigazos o intentos de ultraje.
-A mi hermano no le gusta que este aquí mucho tiempo…-se sintió nervioso –que pasa entre tu y mi hermano, porque el… te golpea?…-
-…-observo esos enormes ojos violeta, ojalá nunca encuentre una persona como Kaiba, por lo menos no como yo la encontré… ojalá, su vida no se vuelva turbia como la mía, pensando en un contacto antinatural… y ojalá, el brillo inocente de sus ojos se logre mantener por mas tiempo del que dura actualmente en los niños… -es mejor que te vayas, seto debe estarte esperando…-
-¿Joey?…-lo miro de nuevo
-en serio, no pasa nada… nos vemos otro día…-pensar que Kaiba representa un héroe para él…
Lo despidió con una mano en alto, sonriéndole, como nunca mas lo volvería a ver, una mente desquiciada y un hombre arrepentido deseando la liberta a toda costa, odiándose por el repugnante sentimiento que lo condujo a confiar en un alienado… Seto Kaiba, el Ceo… el hombre mas inteligente de ciudad domino, a sus 17 años, rallando en la locura por la presión de cuidar de un hermano y la obligación de un adulto, en el limite de la demencia por el recuerdo de un padrastro que lo golpeaba y forzaba de la misma forma como lo había hecho con la 2º persona que mas había querido en su corta vida…Kaiba lo quería, cierto… quería a Joey Wheeler, y mucho, desde siempre lo había anhelado, no importando las ofensas, las malas palabras, él lo apreciaba… hasta el punto de transformarse en un amor obsesivo… un “Amor desesperado”.
Querer tanto algo que no te das cuanta que lo destruyes, desear locamente, satisfaciendo tus necesidades de su presencia, sin comprender que su alma muere en el acoso, en el aislamiento… fuera de su naturaleza, de su ambiente, todo ser termina consumiéndose.
Que la muerte perdone las faltas… provocadas por este mundo miserable sobre la frágil y moldeable mente humana.
Fin
Escrito por:
Kitsune_Eri eri_kitsune@hotmail.com y
Kuroneko kuroi_okane@hotmail.com.
















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