No todo es lo que parece
6 marzo, 2009 por Kitsune_Eri
en la categoría Slam Dunk fics
Muchas personas podrían pensar que la pareja perfecta para Rukawa era Sakuragi, incluso él mismo lo pensó… y lo sintió, para cuando habían pasado a las nacionales, algo dentro del zorro había cambiado, la jovialidad, la espontaneidad y la fuerza
arrasante de Hanamichi lo había cautivado, no era como si estuviera locamente enamorado, ni siquiera sabia si lo que sentía era una simple atracción o amor… ¿quién mierda sabe lo que es el amor?… pero algo que lo hizo decidirse a probar estar con el pelirrojo había sido la fugaz y tierna declaración de “amor” que el numero 10 de Shohoku le dio cierto día después de regresar de Hiroshima, con el titulo de Campeón de Japón.
Rukawa había aceptado como una forma de averiguar si lo que realmente sentía era algo importante, si es que realmente era una persona “normal” y podía tener sentimientos… (aunque la normalidad era algo muy relativo, no era nada normal estar con un hombre y menos si éste había constituido un pesado Karma durante todo aquel año de preparatoria… quizá era medio masoquista), pero en conclusión había aceptado con un ligero movimiento de cabeza, cuando después de tres días de meditación, Sakuragi había acudido a él para saber si querían ser “algo mas” que simples enemigos a muerte… y es que Rukawa sabia que el próximo año se iría a Estados Unidos a estudiar de intercambio, estaba seguro que estando allá mejoraría sus técnicas, además de que un “pajarito” le había mencionado que cierto jugador de Ryonan era esperado en la Universidad de Nueva York, en el equipo de los Violets. Así que era solo cuestión de entretenerse un rato con Sakuragi antes de irse a cumplir su sueño a la tierra de Tiro al blanco de Osama Bin Laden… y quien sabe, quizá hasta decida llevárselo con él… era posible que esa cosa que era como un retortijón de estomago fuera A.. Am….. Cariño.
Y así lo hizo, sin saber que con un simple movimiento de cabeza comenzaría su perdición… era la Ley de Acción-Reacción.
Dos días después de solo decir “SI” a una ehmm… “unión” informal, (digamos, estar juntos sin intentar asesinarse o gritarse pesadeces a la cara), Sakuragi se había mudado a su departamento, según él ya no tenia dinero para seguir pagando la pieza de la pensión que estaba alquilando después que su madre lo echara de la casa por vago. Y Rukawa aceptaba con resignación, por lo menos el pelirrojo le había dicho que como pago le iba a hacer el aseo, a lavar, cocinar y todo lo que fuera necesario con tal de no ser una molestia.
Ante eso, y con tal de seguir manteniéndose virginal, (como un siniestro brillo en los ojos castaños de Sakuragi vio necesidades de otras índoles… que muy a su pesar dejaban su huella o en el agua de la tina (como una sustancia amarillo pastosa que flotaba sobre el agua, negándose a querer precipitar) o como una mancha mucosa en las paredes del baño que escurriéndose lentamente hacia la bañera le daban la apariencia de vida… (si era que esa “cosa” lo perseguía… menos mal que no se embarazaba) o como una vez que después de salir a entrenar a la cancha cercana a la casa un domingo por la mañana, vio la conocida marca seminal (rápida y burdamente limpiada) salpicada en sus adorados sillones de cuero negro… ¡¡junto a un par de boxers suyos y a su camiseta favorita de Michael Jordan!!… Fetichista… “son las hormonas” se había repetido “simplemente esta con el “kino acumulado” trato de quitarse el asunto de la mente mientras avanzaba por la casa y lo veía haciendo el almuerzo… entonces el retortijón que acostumbraba darle en el estomago se precipito con acidez hacia su garganta… ojalá que por lo menos se halla lavado las manos); esas pasivas actividades lo habían motivado para cederle la habitación de huéspedes que ya en menos de una semana se había transformado en una pocilga… y no era solo ver sabanas tiesas en el canasto de la ropa sucia, era ver en el tendedero donde se secaba la ropa la variedad de “mata pasiones” que Rukawa iba recolectando todas las tardes para que Sakuragi las planchara.
-Los pocos calcetines que tenía estaban llenos de “papas”.
-Los calzoncillos “jetones” con los elásticos vencidos y como “tela de cebolla”.
-Algunas de sus poleras de entrenamiento que se negaban a desprenderse del olor a sobaco.
-Sus camisetas blancas para las clases con las axilas amarillas.
Pero Rukawa no dijo nada, sabia que Sakuragi tenia problemas monetarios, no podía comportarse como un maldito bastardo sólo porque su… erhh… pareja… tenia que subsistir con lo poco que tenia. Y con lo orgulloso que era el pelirrojo no quiso aceptar su ayuda, aunque la pieza de secado olía a cebolla picada cada vez que colgaban sus camisetas.
Pero la feliz espontaneidad que tanto adoraba de Sakuragi, salto como una espina hacia uno de sus parpados mientras Rukawa dormía, unido al sonido duro de un “crack” metálico. El zorro aspiro el aire levemente, sintiendo un persistente olorcillo agrio, junto con un nuevo “crack” metálico y otra “espinita” que saltaba contra su brazo que pendía de su preciado sofá negro. No tenia que imaginárselo para saber qué era todo aquello… y con resignación abrió los ojos, con otro “crack” metálico.
-Te desperté?- y su sonrisita que cada vez le parecía mas estúpida.
Rukawa desvió su mirada buscando entre los pies del pelirrojo el maldito corta uñas que de nuevo hacía el molesto “crack” seguido del vuelo parabólico de un pedazo considerable de una uña amarillenta, engarfiada, que caía con gracia sobre la blanca frente del zorro… podía imaginarse la cantidad de valiosa biodiversidad microscópica que contenía esa “pezuña” biliosa… si procedía se ese enorme dedo con un anormal e irritable rojo cutáneo y esa gama de blancas y verdes costras que se desplegaban como una predecible población del genero Fungi.
-No…- quito la uña de su frente “es un chico de escasos recursos… quizás no tenia agua potable en su casa” pensó cerrando los ojos con fuerza… y ese extraño retortijón volvía a su estomago, pensando que pronto tomarían once.
Llevaban dos semanas juntos y después de aquellos “percances” que definitivamente habían dejado muy en claro que contacto físico con Sakuragi no iba a tener (se le había pasado por la mente en algún momento el dejar a Hanamichi desvirginarlo, pero eso había sido antes de ver su despliegue de virtudes) así que en definitiva se iría a Estados Unidos tan casto como cuando había nacido… a ver si por allá encontraba algo que reivindicara la calidad higiénica de los hombres orientales… si es que entraba a la Universidad de Nueva York…
Después de aquella experiencia religiosa con los pies mohosos y que parecían conservados en vinagre, Rukawa pensó que lo peor había pasado, nada podría contra su sensible estomago que se manifestaba compungido cada vez que era impactado con semejantes visiones, así es que comenzaron una vida mas “normal”, total solo faltaban dos meses para tomar sus cosas, despedirse del profesor Anzai y volar hacia la perfección de sus técnicas… eso era lo único que lo mantenía en pie. Aunque aun no sabía como decírselo a Sakuragi, ya una vez el pelirrojo lo había encontrado remarcando en el calendario de la cocina el día 17 del subsiguiente mes y éste en su curiosidad lo había encarado.
-que sucede el 17, zorrito?…- Rukawa notó algo en Sakuragi mientras pronunciaba el 17.
-nada…- entrecerró los ojos tratando de mirar más nítidamente
-vaaamos, dimeee… somos pareja cierto?, y las parejas no se guardan secretos…-Rukawa se acercó un poco mas a Sakuragi, justo cuando había dicho vaaamos –que sucede?, porque me miras así?…-
-nada…-
-yaaa…- ¡¡lo vio!! –dime Rukawa, que sucede?…- ¡¡aquello negro en una de sus muelas!!…
-…-el zorro solo dejo escurrir una gota por su frente “quiza el pelirrojo, en su pobreza no tenia ni pasta de dientes, ni cepillo de dientes…” bajo la cabeza “ni jabon, ni agua, ni desodorante…” –solo recordé un cumpleaños…-
-en serio y de quien?…- le sonrió, acercándosele íntimamente.
-de… de… mi abuela…- se retiro como penicilina a una infección ambulante, cuando vio esos labios carnosos acercándosele peligrosamente, con intenciones de contagio.
Nada de contactos físicos se tatuó en la mente, recordando estar a una distancia de mínimo un metro de Sakuragi, quien atribuía el hecho a la natural frialdad de Rukawa, pero en ocasiones la distancia era poca para la salud olfativa de un ser de sentidos tan sensibles.
Fue durante una mañana abrupta, Yohei estaba llamando a Hanamichi por teléfono y Rukawa había sido quien contestara, como toda buena persona había tocado a la puerta de su habitación, pero éste no parecía contestar, de seguro estaba durmiendo… entonces cometió su error, al abrir la puerta de esa cueva de lobo, oscura, casi inhabitable (por lo menos para seres racionales), golpeándole el rostro salvajemente con el pesado e irrespirable aire de la estancia… podía ver los pies descubiertos, como si estuvieran en periodo de reproducción, lanzando al aire las nocivas esporas de la infección… los brazos levantados boca abajo, desparramando la selva negra y tupida de sus axilas, impregnando el ambiente con el aroma de la cebolla sin amortiguar… y no era necesario imaginarse bajo las sabanas, el calzoncillo “repasado”, negro de “piñen”, tan tieso como la sabana donde dormía, desplegando su olorcito agrio a semen y a baño de “letrina”… Rukawa aguanto una arcada, con su rostro lívido, casi enfermo… volteándose para salir de ese inframundo contagioso, donde un calcetín “guacho” lo despedía con su aroma vinagre y el género molido en el dedo gordo por el roce continuo de la zapatilla y esa uña encarnada con forma de molusco.
-esta durmiendo…- respondió a Yohei con un hilo de voz.
-y no lo puedes despertar?…- insistió
-No… no puedo…-
-supongo que es de sueño pesado…- le sonrió con picardía tergiversando las intenciones.
Ya no solo no tendría contacto físico con Sakuragi, si no que con nada que le perteneciera. Tatuado a fuego.
Y el tiempo pasó entre olores extraños procedentes de los pies del pelirrojo, que cambiaban peligrosamente de color. Los pelos que salían en las sopas, el arroz o los fideos, sin saber si eran púbicos o de sus axilas frondosas y altamente llamativas cuando usaba camisetas sin mangas; entonces Rukawa supo que lo único que hacia Sakuragi por mejorar su apariencia era el recortarse con tijeras esa selva que, estaba seguro debía contener mas de un “bicho” exótico y microscópico.
El tiempo pasaba y el zorro sabia que esa “naturalidad” que tanto le había gustado de Sakuragi, pronto lo incitaría a escapase a América sin siquiera esperar la graduación. Lo sabia tanto como con sus oídos como con su nariz, que eran atacados “disimuladamente” por ciertos ruiditos que se escapaban con fuerza, acompañados por un carraspeo y ese aroma particular, mezcla de catalítico y sulfuro, en el mejor de los casos… cuando no eran esos sonoros gases que parecían salir con “pavimento”, dándole a Rukawa la precaución de aumentar el espacio entre ambos para mantener su salud física y mental.
-Lo siento… es que estoy hinchado…- comentaba el pelirrojo con inocencia –no se cómo se me pudo salir…-
“Ok, no tuvo una educación adecuada… ni nadie que lo corrigiera…” se mentalizó, mientras hacía sus maletas y tomaba los pasajes a Nueva York, dejando una carta para Sakuragi sobre su buró (había prometido no entrar nunca mas a ese infierno que era la habitación del pelirrojo, estaba seguro de poder encontrar garrapatas caminar libres sobre la alfombra del cuarto), para cuando regresara de la salida con su Gundam.
Sakuragi:
Cuando leas esto yo ya habré partido hacia América, no preguntes por qué, es mi sueño.
(Debía dar algún tipo de explicación ¿no?, después de todo eran… pareja…)
Lo (esta palabra se le hizo difícil escribirla, esperaba que las futuras parejas de Hanamichi no se enteraran que, Kaede Rukawa se había involucrado con una lacra como él) nuestro fue “especial” (si es que se podía decir así), por ello te dejo mi departamento y todo lo que en él hay (ya nada de ahí estaba a salvo de la plaga bacteriana… y hasta los ratones de habían alejado al hundimiento de ese “bote”).
Espero perdones mi abrupta partida (era ahora o nunca).
Con (con que?… erhh…) aprecio (debia ser educado no?, era lo mínimo que podía decir después de ese casi mes de convivencia).
Rukawa Kaede.
Cualquiera habría pensado que Sakuragi seria su pareja perfecta, eran dos polos opuestos (muy opuestos), eran sus respectivos antitesis, sus complementos, pero Rukawa al fin acepto que lo suyo había sido la atracción pasajera por una simple figura, lo que representaba el pelirrojo, muy tierno, cariñoso, alegre… pero él no lo conocía lo suficiente, por lo menos no cuando el retortijón de estomago era un síntoma de nerviosismo y ansias… y no cuando era la manifestación de la angustia y la necesidad de un McDonald cercano.
Quizá Sakuragi haya tomado a mal la partida, pero Rukawa lo acepto como una experiencia que pensaba no repetir… él no era un ser sociable, lo sabía, ni un ser dado para las relaciones interpersonales… él era solo y al parecer lo seguiría siendo por largo tiempo.
















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